martes, 31 de enero de 2012

1° de Bachillerato - 11° de parvulitos

Después de la entrada de ayer, que sé que os gustó (al menos a unos pocos) hoy toca otro poquito de irasosiá (pero muy light).

Esta tarde venía dispuesto, cual friki de la educación y la política, a ver en directo la comparecencia del ministro en la Comisión de Educación y Deporte. Pero entre que he llegado a mi casa sobre las cuatro sin comer (con un flamante empaste) y que lo que menos me apetecía en ese momento era escuchar con atención, se me pasó por completo y la pillé empezada.

Pero empecé a verla.

Lo primero, desde este mismo momento me declaro fan absoluto de la web de rtve. Y que eso lo diga alguien que es fan "sólo" de 1243 grupos de facebook tiene su mérito.

Mientras la veía saqué algunas conclusiones:

Yo tenía complejo de ser relamido hablando a veces. Después de escuchar al ministro, ya no. Aún así, me gusta que pronuncie de forma más o menos decente en alemán (aunque con su apellido no me extraña), francés e inglés (estos dos últimos por lo que me han dicho, que fue antes de que yo llegara).

Otra de las cosas que me han quedado claras es que una reunión de la Comisión de Educación y Deporte se puede alargar, violando todas las leyes de la física, ralentizando el tiempo hasta el absurdo. Vamos, que ha durado más de cuatro horas; pero no me extraña porque ha habido:
1) Comparecencia del ministro
2) Réplica de cada uno de los grupos parlamentarios (del grupo mixto más, porque ha hablado cada partido)
3) Réplica del ministro a las réplicas
4) Réplica de cada grupo a la réplica del ministro
5) Conclusión final o réplica del ministro a las réplicas de los grupos a la réplica del ministro a las réplicas de los grupos a la comparecencia del ministro.

Si lo único que me interesase fuese la comparecencia, donde explica los objetivos de su ministerio, me lo podía haber ahorrado todo. La acaban de colgar en la página web del ministerio. Pinchad aquí si queréis leerla. Pero en verdad también me interesaban las réplicas (y ahora es cuando mi nivel de frikismo ha aumentado). Eso sí, cuando llegaron, mi capacidad de atención había disminuido considerablemente, así que tampoco he hecho mucho caso.

Creo que va a pasar mucho tiempo antes de que me decida a ver otra comparecencia en el Congreso.

Por fin me ha quedado clara la reforma de la Secundaria que pretende realizar.
La ESO se acaba en 3° con 15 años, y al año siguiente, ya pueden los alumnos entrar en Bachillerato o en Formación Profesional.

Tanto el Bachillerato como la Formación Profesional duran tres años, con lo cual, se acabarían con 18 años, como ocurre en la actualidad.

Ante este panorama me surgió una duda, y creo que también le surgió a alguien más, porque la respondió de buena gana en su réplica a las réplicas. Os diría a quien se le ocurrió, o al menos de que partido era, pero sinceramente no me enteré, porque entre medias comí, hablé con mis padres, chateé y actualicé facebook y twitter.

En fin, la duda (que creo que ya la planteé el jueves pasado) es: con quince años uno recibe su título, pero pongamos que no quiere seguir estudiando; sin embargo se le obliga a quedarse un año en 1° de bachillerato o en 1° de F.P. (que si no quiere estudiar, me estoy imaginando que no va a tirarle para el Bachillerato) y cuando acabe ese año puede irse alegremente. ¿Qué sentido tiene convertir 1° de Bachillerato (que al final seguramente sea 1° de FP) en una guardería donde tener vigilados y entretenidos a adolescentes que no quieren estudiar y que al año siguiente pueden abandonar alegremente?

La respuesta del ministro fue lapidaria (para lapidarlo, quiero decir): "Si un alumno ha superado un tercio de los estudios, seguirá hasta el final, porque eso es lo lógico".

El jueves escribí que estaba a favor de la reforma que proponía. Pero así, no.

Del Bilingüismo y Educación para la Ciudadanía ya hablo otro día... o no.

lunes, 30 de enero de 2012

Manolo

Me suena que ya he hablado de él en alguna ocasión, pero nunca le he dedicado una entrada completa.

Para que no haya confusiones, mejor lo digo bien claro desde el principio, Manolo es mariquita.

Aunque sea alemán, con Manolo sólo se puede hablar español.

Antes de que llegara Manolo, la cosa era bastante más aburrida, pero desde que le encontré (de casualidad), cuando está Manolo, parece como si la vida fuera una fiesta continua.

Como he dicho, lo encontré un día de casualidad, como escondido, solitario y dado de lado por todo el mundo. En verdad, a veces creo que el destino le puso en el lugar indicado en el momento preciso, porque de hecho ese día yo ni siquiera debería estar en Stuttgart (donde le encontré), sino trabajando a más de 70 kilómetros.

Había más, pero ninguno era como Manolo. Parece que nadie le quisiera. Quizá porque a los alemanes no les gusta llamar la atención y Manolo es de todo menos discreto (y a pesar de ello me costó verle).

Todo el mundo quiere a Manolo, pero es mío, sólo mío. Algunos tenemos suerte.

Manolo viene conmigo a todos lados, me he acostumbrado tanto a que esté a mi lado, que a veces se me olvida, pero luego me doy cuenta de que está ahí, a mi lado, callado y con la mirada fija, como siempre. Es más, ahora mismo lo tengo aquí, a mi lado, y esta noche se queda aquí (como todas las noches desde que lo encontré a finales de octubre).

A la gente le encanta tocarle, sobarle, acariciarle y sentir su suavidad. Pero es como la falsa moneda, que de mano en mano va y ninguno se la queda. Así que al final, siempre acaba volviendo a mí.

A pesar de no hablar, con Manolo nunca hay silencios incómodos (y creedme que eso es muy difícil de conseguir).

Manolo es pequeño, peludo (a su manera) y suave, tan blando, que se diría todo de algodón. Pero al contrario que Platero, Manolo no da mal rollo, sino todo lo contrario; cuando está Manolo, parece que no existen los problemas.

Mis alumnas (sobre todo mis alumnas, pero también algún alumno) me preguntan siempre por Manolo cuando no le ven.

Ya os había dicho que Manolo es el peluche que le tiro a mis alumnos para que hablen ¿verdad?

jueves, 26 de enero de 2012

Reforma del Bachillerato

ACTUALIZACIÓN: El ministerio me ha contestado al tweet https://twitter.com/#!/educaciongob/status/162818280753598464

Perdón por esta entrada, larga como pocas y sin fotos. Sin embargo, (sobre todo, pero no sólo) para quienes nos dedicamos a esto de formar personas, creo que puede ser interesante.

Vaya por delante (sobre todo para lectores no habituales de este blog) que aunque sea español y sea profesor, no soy profesor en España. Sin embargo, la situación de la enseñanza en España me es bastante cercana, pues entre profesores y maestros (jubilados o en activo) en España tengo en mi familia "solamente" a mis padres, todas mis hermanas, un cuñado, una tía y cuatro primos. Además varios de mis amigos (la mayoría, pero no todos, de la carrera) también son profesores o aspiran a serlo. Asímismo, aquí en Alemania TODOS mis amigos sin excepción son profesores. Estoy rodeado de expertos (o al menos de gente con mucha experiencia) en el tema.

Vamos, que igual que no tengo autoridad ninguna (aparte de la licenciatura en todología con la que nacemos todos los españoles) para hablar de otros aspectos de la vida diaria (por ejemplo: cómo arreglar la situación económica o ventajas y desventajas del copago en la sanidad pública) cuando hablo de educación, sí sé de lo que hablo.

Y después de esta breve introducción, al turrón. Le he escrito un correo y un tuit al ministerio de educación pidiéndo que me informen mejor, pero entre que me contestan y no, pues he escrito "reforma del bachillerato" en Google y he mirado las primeras páginas hecho una pequeña investigación en internet para ver en qué consiste la reforma del Bachillerato que quieren hacer.

¿Qué he entendido?

Pues que la propuesta del ministro Wert es que la ESO sean sólo 3 años y que el año siguiente los alumnos hagan 1° de Bachillerato (un bachillerato que duraría 3 años, y acabarían a la misma edad que acaban ahora) o hagan un año de Formación Profesional. Lo que no me ha quedado claro es si el ciclo de FP duraría sólo un año o se mantendrían los ciclos bienales (no bianuales) que existen actualmente, con lo que podrían abandonarlo a la mitad sin ningún título.

De esa forma, la ESO duraría tres años, pero se mantendría la obligatoriedad de estar escolarizado hasta los 16 años. La diferencia sería que el último año de escolarización obligatoria los alumnos no estarían todos juntos.

O al menos esa es la teoría. Si un alumno ha repetido un curso (cualquier curso a lo largo de la Primaria o al Secundaria) acabaría 3° de ESO con 16 años y, por tanto, ya no tendría obligación de seguir estudiando.

¿Qué opino?

Por supuesto, no hay entrada sin opinión, que para eso esto es un blog.

No estoy a favor de la escuela inclusiva, y estoy igualmente en contra de las decisiones irreversibles. Pero mejor me explico antes de que me queméis por la herejía de ir en contra de la escuela inclusiva. Nota: la escuela inclusiva significa que todos los alumnos están juntos, lo que en Alemania son las Gesamtschule y en España es el sistema educativo normal.

Antecedentes

Parto de la base de que todos, absolutamente todos merecemos tener las mismas oportunidades, y que una de las obligaciones del estado en materia de educación es asegurarse de que las tenemos. Pero no podemos olvidar la otra cara de la moneda. Si bien todos merecemos tener las mismas oportunidades, no todos tenemos las mismas capacidades ni los mismos intereses.

Me voy a poner de ejemplo a mí mismo (no como sano ejercicio de egocentrismo, sino porque es el ejemplo que tengo más a mano y que mejor conozco). Se me dan bastante bien los idiomas (más me vale, es lo que me da de comer) y me encanta leer y escribir, además tengo bastante interés en aprender cosas nuevas y estoy continuamente curioseando, buscando información, contrastándola, etc. Pero también soy un desastre en matemáticas (a pesar de los enormes esfuerzos de mis profesores nunca aprendí a hacer matrices, ni siquiera sé lo que son - de hecho, aprobé las mates de 1° de Bachillerato porque mi profesor debía ser un hermanito de la caridad), mi orientación espacial es nula, y a la hora de trabajar con las manos soy lo que se puede considerar un patoso integral.

Mis alumnos de inglés no pueden tener menos interés en los idiomas (aunque a la mayoría no se les den mal) o en cosas como la historia o la literatura, sin embargo hacen virguerías con la madera (es su especialidad) y si alguna vez tuviera coche (que a este paso lo dudo) sé que en ellos es en quien más puedo confiar para que lo arreglen y lo pongan a punto (yo bastante tengo con recordar que la gasolina y el diesel no son equivalentes).

Con esto quiero decir que cada cual tiene sus capacidades y sus intereses y me parece que lo mejor es potenciar a cada cual esas capacidades y esos intereses, más que igualar a todos los alumnos. Pero ¿cómo se puede hacer?

Un pedagogo chupiguay de esos que leen a autores como Piaget y que elaboran sus propuestas basándose en informes como el PISA diría que es labor del profesor diversificar su atención para hacer tareas individuales para cada alumno porque lo importante es desarrollar el potencial de cada individuo.

Un profesor de esos antiguos que trabajan con clases de entre 20 y 30 alumnos una hora y otra hora y otra hora y así cada día de la semana le diría al pedagogo chupiguay que un mojón pa él. O si fuera políticamente correcto, le diría que primero se meta en una clase llena de alumnos 20 horas a la semana (27 en mi caso) y que cuando llevara así una semana le explicara cómo es posible ofrecer atención personalizada, a la vez que enseñas tu materia.

Entonces ¿cómo podemos potenciar esas cualidades e intereses de los alumnos? (porque en eso sí que le doy la razón al pedagogo, que cada alumno es diferente del resto).

Mi propuesta (que lo mismo os suena, o lo mismo no)

Estoy a favor de la escolarización obligatoria hasta los 16 años (quienes me queríais quemar por hereje ya podéis guardar las antorchas), pero no estoy a favor de que esa escolarización suponga que todos los alumnos estén juntos y reciban las mismas enseñanzas (venga, ya podéis volver a sacar las antorchas).

Si bien una etapa primaria (e incluso el comienzo de una secundaria) debe ser la misma para todos, la experiencia me ha demostrado que los alumnos empiezan a mostrar sus intereses (y la falta de los mismos) y diferentes capacidades antes de los 16 años. Por eso considero que cuando los alumnos tengan 13 ó 14 años ya deberían poder seguir diferentes itinerarios.

Si bien, como he dicho antes, también estoy en contra de las decisiones irreversibles. Estoy a favor de que (con un examen de ingreso o cualquier otro medio que atestigüe que no será una pérdida de tiempo) los alumnos puedan cambiar de itinerario. Y como esto es importante y le he dedicado poco espacio lo repito: después de separarse, debe ser posible ir al otro itinerario. Esto es absolutamente esencial para que se cumpla lo que decía al principio: que todos reciban las mismas oportunidades.

Conclusión

Que ya va siendo hora de terminar. Estoy a favor de la propuesta del ministro (al menos como yo la he entendido), pero con algunos retoques

Escolarización obligatoria: hasta los 16 años (con matices que explico ahora después).

Escuela inclusiva: hasta los 13 ó 14 años.

Pasarela entre itinerarios: absolutamente esencial

Si un alumno repite: Lo importante no es tenerlo entretenido hasta que cumpla los 16 años, sino que acabe una Formación Profesional (uno de los itinerarios que propongo) o un Bachillerato (el otro de los itinerarios).

Y tú, querido lector ¿qué opinas? Por favor, usa los comentarios, que son el único alimento que tenemos los blogueros.

PD: En las dos horas que han pasado desde que le escribí al ministerio y ahora, no me han contestado (no me extraña, es jueves por la tarde). Si me contestan y la pretendida reforma del Bachillerato es diferente a como me la imagino, modificaré la entrada; si es como yo la entiendo, dejo la entrada tal cual está.

domingo, 22 de enero de 2012

Blogus retomatus

No, no es que me haya tomado dos tomates y de ahí lo de retomatus (en serio, menos mal que no me gano la vida como humorista). Es que ya he corregido todos los exámenes y ya tengo hechas todas las medias aritméticas y ponderadas y puestas las notas, y ya sólo me falta pasar dos clases mañana a los cuadernillos del cole.

Y entre medias de tanta corrección y tanta media y tanta tontería ¿qué ha pasado en este pueblo mío (un lugar cada día igual, con el sol... no se levanta nadie porque cuando sale ya está todo el mundo despierto despierto y trabajando, que esto es Alemania, no la bella y la bestia ¡hombreyapordios!)?

Pues la verdad poca cosa. Aparte de una (en realidad dos... y las que quedan) visitilla rápida al médico. Y a Dios pongo por testigo que yo al médico sólo voy si me obligan o porque me esté muriendo. Y la verdad es que no tengo ningún reconocimiento médico oficial a la vista.

El caso es que ya el fin de semana pasado me empezaron a molestar bastante las encías, tanto que ya la noche del domingo al lunes me desperté en mitad de la noche rabiando y no me pude volver a dormir hasta que me hizo efecto el Ibuprofeno (inciso: en Alemania el Ibuprofeno 600 se vende SÓLO con receta, sin receta sólo te dan hasta 400). Así que el lunes llamé al dentista que me habían recomendado tres profes del instituto y me dieron cita para el martes. Estaba casi más acojonado por la factura que me llegaría que por el dolor, y más recordando que a Marina (mi compañera de piso de Wheaton) le tuvieron que extirpar una muela infectada (o algo así) cuando estaba en EEUU y le querían cobrar más de 1000 $. Pero Alemania es un país civilizado y el dentista entra dentro del seguro.

El martes fui al dentista por segunda vez en mi vida (la primera tendría unos siete años y sólo me empastaron una muela de leche que se acabó cayendo y estaba picada para que no infectara el hueco de la de al lado que se acababa de caer). Me hicieron una limpieza de boca (os recuerdo que llevo unos veinte años sin ir al dentista así que, a pesar de lavarme los dientes tres veces al día, tenía sarro para alimentar a una familia de animales que coman sarro) y me echaron noséqué que hizo que las encías dejaran de molestar... por lo menos esa tarde. Y me dieron cita para el jueves para ver si ya estaba todo bien.

El miércoles me volvía a doler y también la cabeza, así que el Ibuprofeno volvió a ser mi mejor amigo. Pero ya en clase me empecé a notar que bajaba la hinchazón de casi toda la boca excepto
de una parte y que esa parte sabía demasiado a sangre. El caso es que estaba sangrando un poco. Tanto es así que en una clase estaba hablando y de repente surgió la siguiente conversación.

Afra: bla bla bla
Estudiante: Herr R. le está sangrando la boca.
A: Sí, ya lo sé, no te preocupes
E: Pero... ¡QUE LE ESTÁ SANGRANDO LA BOCA!
A: Que sí, hombre que no te preocupes, sigue leyendo.
E: Pero... Herr R...
A: Que sí, que ya lo sé, es normal, sigue leyendo
E: Pero ¿está usted seguro?
A: Y dale... ¡que sí! sigue leyendo.

Pero en realidad yo sabía que no era normal. Así que en la pausa, me fui al servicio, me miré en el espejo, me enjuagué con agua y vi que aquello no se iba, así que empecé a hurgar y resulta que tenía un coagulo. En el momento que lo arranqué, todo volvió a la normalidad (a la de verdad, no a esa realidad paralela de la mente del señor R. en la que sangrar por la boca es normal) y dejó de doler.

El jueves por fin, fui a mi cita con el dentista, le dije que me seguía doliendo un poco, pero mucho menos que antes y que había sangrado (de hecho el jueves por la mañana me pasó lo mismo, pero arranqué el coagulo a tiempo) y me dijo que efectivamente era normal sangrar un poco. Pero se me puso a inspeccionar y vio que lo que tenía era algo peor de lo que la otra dentista me
dijo el martes (aclaro: es una consulta con tres dentistas y cada vez que vas te coge el primero que pillas) y conforme me lo estaba explicando yo sólo podía ver esta imagen.

Pero no, al final me dijo que menos mal que he ido a tiempo y que así no va a pasar nada. Me ha mandado un colutorio y una especie de crema para echarme en donde me empiece a sangrar. Hoy sólo me he echado una vez y porque me picaba, no porque me sangrara, así que eso de no sangrar significa que se está curando y voy a conservar toda mi bella dentadura (aparte de la muela del juicio cabrona que hay que sacarme, pero eso ya os lo contaré otro día).

martes, 17 de enero de 2012

Blogus interruptus

Sigo pensando. Sigo escribiendo (no aquí, pero sí en otro sitio). Sigo cocinando, hablando, riendo, actuando (pero este jueves ya se acaba... por lo menos hasta marzo).

Pero también sigo trabajando. Enseñando, preparando clases, corrigiendo, corrigiendo, corrigiendo, corrigiendo y odiando corregir. (Y el gerundio sigue siendo mi forma favorita de los verbos).

Los claustros de notas son la semana que viene. Si sobrevivo (que sobreviviré) volveré por aquí entonces. Con novedades o sin ellas.

Hasta el jueves que viene mi vida se reduce a corregir, hacer medias, y enseñar (es más, puede que este fin de semana me quede en casa, con todo lo que eso me gusta).

Mientras tanto, ahí a la derecha tenéis una lista de blogs a cada cual mejor.

Y quienes no viváis en la Suabia profunda salid a la calle, tomaos una cerveza en una terracita, id al teatro (a la Gran Vía, a Broadway, al Bulevar del Gran Capitán o a la función de teatro de vuestra sobrina), ved una película en versión original, leed un buen libro (o dos o tres), quedad con los amigos, echad unas risas, íos (o idos, o iros) a la playa.

Nos vemos a la vuelta.

domingo, 15 de enero de 2012

Cocina de domingo

Como en navidades me lo he pasado demasiado bien, he decidido empezar a comer (aún más) sano.
Como esta semana dos de mis grupos han hecho un examen y la que viene lo hacen otros dos y dentro de ocho días ya son las evaluaciones, hoy estoy solamente corrigiendo.
Como una de las cosas que más me gustan es cocinar, de vez en cuando lo hago para despejarme.

Si sumáis las tres variables de ahí arriba os daréis cuanta de a qué viene esta entrada.

Ingredientes:
Unos 100 gr. de pollo
Cuatro champiñones grandes
Un trozo de calabacín
Un trozo de berenjena
Aceite y sal.

Lo cortamos todo como se ve en la siguiente foto.



Echamos los champiñones en la sartén con un poco de aceite y cuando se hayan quedado a algo más de la mitad echamos el pollo y cuando esté más o menos blanco echamos el calabacín y al poco la berenjena.
No os preocupéis si reduce su tamaño, es normal.



Pero, como se me quedaba un poco escaso, he decidido acompañarlo de algo. Una de las (numerosas) cosas que más me gustan de la gastronomía alemana es la ensalada de patatas o Kartoffelsalat. Así que al final, el plato ha quedado así.



Y de postre, aprovechando que empieza la temporada de resfriados y gripe y que en este país uno no se puede poner malo, que de todas formas tiene que seguir trabajando, lo mejor es reforzar un poquito las defensas.
¡Que aproveche!

viernes, 13 de enero de 2012

Sobreviviendo

Pues ya es viernes. Por fin es viernes. Ya ha pasado la
primera semana después de las vacaciones y he sobrevivido. Hoy en el departamento de idiomas me decía una profe: "Sólo ha pasado una semana y ya se ha acabado todo el descanso que traíamos".

Y es que después del martes la cosa ha ido a mejor. Y lo mejor cuando vi el examen de mis alumnos den la clase 13, un examen que ellos tardaron unas dos horas en hacer y yo apenas voy a dedicarle 10 minutos a cada examen.

También el miércoles fui a comprar al LIDL, aprovechando que Mar trajo el coche al instituto, allí que nos plantamos los dos. Al volver a mi casa me puse a comparar el ticket de compra con el del Kaufland (el súper de al lado de casa) y comprobé que los precios son EXACTAMENTE iguales,
así que ya no me da tanta rabia vivir lejos del LIDL.

Y hoy, después de mis 28 horas de clase (porque esta semana he dado 28 en vez de 27, igual que las daré la semana que viene) he ido a recoger el último regalo de reyes que me quedaba. Además hoy en mi última hora de clase por fin he visto algo que no había visto desde que me fui de España: EL SOL.

Y aquí con mi mano, para que, quienes no lo conozcáis, veáis el grosor.

martes, 10 de enero de 2012

¿Qué hacer los tres últimos días de las vacaciones y los dos primeros después de las vacaciones?

Salir. Mucho. Hasta muy tarde. Y encontrarte con gente que esperabas encontrarte pero que al final no iba poder ser y de repente sí que fue. Y con gente que ni de coña imaginabas que ibas a encontrarte. Y flipar los dos (aunque tú menos). Volver tarde - bastante tarde - a casa pero habiéndotelo pasado tan bien como pocas noches en Córdoba.

Dormir. Poco. Muy poco. Que te despierten porque tienes que corregir. Tomarte un café y un paracetamol. Corregir. Pero no todo. Comer. Tomarte otro paracetamol. Seguir corrigiendo. Pero no todo. Tapear con la familia. Despedirte. Cenar. Hacer la maleta. Dormir. Poco. Pero no muy poco.

Despertarte. Salir de casa a las 07:30. Coger un coche. Coger un tren. Corregir en el tren. Por fin todo. Coger tres metros porque hay tiempo. Mucho tiempo. Demasiado tiempo. Mirar a la gente con curiosidad en el aeropuerto. Analizar todos sus movimientos. De toda la gente. Pensar que ojalá te hubieras acabado el libro de la biblioteca en vez de corregir y así ahora tendrías algo que hacer... y te habrías acabado el libro de la biblioteca. Que el avión se retrase. Coger el avión. Que el avión llegue tarde. Que las maletas tarden. Cruzar todo el aeropuerto. Comprar un billete de tren. Cruzar de nuevo toda la estación corriendo, cargado. Coger un metro, un tren de alta velocidad, un regional y otro metro. Llegar a casa a las 23:00. Que la caldera no funcione y la casa esté helada. Pasar las notas de los exámenes que has corregido. Preparar las clases del día siguiente. Que al día siguiente tengas ocho clases. Querer Ansiar otra semana de vacaciones.
Dormir.
Poco.
Muy poco.
Demasiado poco.
Oír el despertador y pensar que has muerto y estás en el infierno. Dar ocho horas de clase simulando que estás fresco como una rosa pero estar acabado por dentro. Fliparlo con la gente que no se acerca a los demás cuando están resfriados. Fliparlo aún más cuando esa gente no son alemanes. Volver a tu casa. Ponerte a preparar el examen del día siguiente. Casi morir en el intento. Comer después de haberte tomado tan sólo un café, una magdalena y una tapa en unas diez horas. Maldecir a quien inventó internet y a esa "maldita vagancia que se ha adueñado de tu cuerpo estudioso y trabajador". Ponerte de verdad a preparar el examen. Que te llamen por Skype. Hablar casi una hora y no darte cuenta. Preparar el examen de una vez. Preparar la otra clase que tienes que dar al día siguiente. Dormir. Poco. Muy poco. Para no perder la costumbre.

Despertarte. Ser consciente de que no vas a volver el sol hasta abril y venirte abajo. Dar clase. Fotocopiar un examen. Recibir malas noticias que te cuentas cuentan como si fueran buenas noticias (es casi seguro que no nieve este año) y venirte aún más abajo. Volver a tu casa. Dormir la siesta del gorrión. Venirte arriba (pero poco). Volver al instituto. Poner el examen. Y por fin hacer lo que llevas cinco días deseando: ACTUALIZAR EL BLOG.

Y todo esto narrarlo casi en tiempo real cambiando tu estado del facebook contando el Quijote siete veces en menos de ocho horas.

jueves, 5 de enero de 2012

Las vacaciones llegan a su fin

Pues sí, todo lo bueno se acaba. Esta noche vienen los Reyes Magos cargaditos de regalos, pero como creo que este año no he sido un niño bueno, pues me van a traer carbón (o incluso peor, ni siquiera carbón), de todas formas, el comienzo de este 2012 no ha ido mal del todo.

Los objetivos para las vacaciones los he ido cumpliendo más o menos a buen ritmo. El DNI me lo renové en su día y os lo conté, me he ido de fiesta con casi todos mis amigos de Córdoba y parte de los forasteros (y con los que todavía no, aún me quedan dos días para intentarlo), me he rascado la barriga más de diez minutos cada día, he jugado con mis sobrinos, sobre todo con A, que es la que más se ríe cada vez que ve a su tío, me he reído con conversaciones absurdas y no absurdas, he comido con la familia y los amigos (de hecho, ha habido más días con comidas especiales que sin ellas), no he cocinado nada de nada, y espero haber engordado menos de cinco kilos (pero tampoco me voy a poner a comprobarlo, no hay necesidad).

No me comí la Zapatilla en Madrid, porque el sitio estaba cerrado, pero lo compensé con lomitos con sobrasada y cabrales en Lavapiés, con más tapeo por Lavapiés, y con una visita a la casa asturiana de Madrid, en compañía de mi despojo favorita (y su abrigo de pieles de tres euros) y una amiga suya; no he ido al cine, pero he visto "Siete novias para siete hermanos" (además, desde que no echan la nueva de Harry Potter cada Navidad, no es lo mismo). Y como bien previó sabiamente morti, no he corregido los exámenes (auqnue casi) ni he preparado los cinco que tengo que poner a la vuelta (ni por asomo he empezado).

Y la vista al norte, en concreto a Salamanca, me lo he pasado como los indios y como somos así de listos no hay fotos. Lo malo, que ya se acabó, lo bueno, que sucedió. ¿Queréis más detalles? Pues como bien escribió Molinos (a quien no conozco absolutamente de nada, pero tiene un blog que ya lo quisiera escribir yo) una vez: "en este blog no escribo todas las cosas que me pasan".

A veces soy como morti que
comparto con vosotros hasta el trozo más chocolateado del bollicao, el que todo el mundo se tragaba de un bocado en los recreos para que no diera tiempo a que alguien le pidiera un cachito
Y a veces me pasa como a desparrunzando, que una vez tuvo que proponerse escribir algo más personal en su blog, para no parecer un articulista del 20 minutos.

Ea, sed felices (que llevaba un tiempo sin decirlo).

domingo, 1 de enero de 2012

El primer día del año

Hoy más que ningún año



Y la mejor forma de demostrarlo es que a las 10:30 ya estaba en planta y a las 11:00 estaba ayudando a mi madre a ordenar la casa, que ayer cenaron aquí 21 personas. Y después de las uvas, momento en familia con mis sobris - que cada día se me cae más la baba con ellos - y cuando se fue yendo todo el mundo y acabó Siete novias para siete hermanos (que mi hermana también es friki, pero de un frikismo "diferente"), nos fuimos todos al sobre.

Eso sí, lo mejor de cambiar de año es que te recuerden que "hacerse mayor no es solo poner un número más en la tarta de cumpleaños Pastel de cumpleaños, sino saber disfrutar y saborear cada momento en buena compañía" en un email lleno de emoticonos que te arranca una sonrisa (por todo el email, no sólo por lo emoticonos); que te manden "bicos dende A Coruña" y que digan "Sé moi feliz e goza das persoas que mais queres"; que te manden "un beso muy fuerte", tan fuerte que dura hasta que "nos veamos a la vuelta"; que te deseen "que el 2012 te traiga viajes, retos, sonrisas y aventuras" y mucho más importante "que los vivamos juntos"; que te llamen "osi" (que te recuerden quien eres) y que te deseen "mucha magia, coraje y oportunidades"; que te llamen justo después de las uvas para compartir un rato, para estar ahí contigo (pero que no puedas ir, porque hay 22 personas en tu casa y estás en familia... y es un momento histórico); que uno de tus mejores amigos te llame en mitad de la noche (pero que veas la llamada al día siguiente porque ya estabas durmiendo); que te deseen lo mismo que yo os deseo ahora:
Que el 2012 se lleve todo lo malo, que deje todo lo bueno y que traiga todo lo mejor.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Jodío

No me ha pasado nada malo, no estoy gravemente enfermo, no me he roto un brazo, no me han despedido (aunque lo harán el 31 de julio), no se me ha muerto nadie y por si algún despistado no lo había pillado todavía, lo de ayer del churumbel no fue más que una simple inocentada (en serio, hubo por lo menos tres que picaron).

Aún así hoy tengo el día quejica, y sí, puedo decir que estoy jodío. A pesar de haberme reído ayer casi más que en todas las vacaciones, a pesar de haber comido flamenquines (por la mañana y por la noche), a pesar de haberme metido cinco vargas entre pecho y espalda (a lo largo de todo el día, no del tirón), a pesar de haber descubierto a Benito Pérez Galdós, a pesar de todo eso me quejo.

Me picaba la lengua (y creo que se me está extendiendo al resto de la boca), ahora ya me pica menos, pero me duele más (al hablar, al comer, al simple contacto con los dientes). Así que esta mañana he ido a la farmacia y me han dado un locutorio colutorio para las úlceras bucales (si no tenía bastante con mis problemas de estómago ahora se me ha subido a la boca). Con deciros que se me ha quitado hasta el apetito, creo que os hacéis una idea.

Además anteayer descubrí la oferta de empleo público de Andalucía para este año y no hay ni una sola plaza para alemán, ni en Secundaria ni en EOI. De Español para Extranjeros ni se plantea. Y en el resto de Comunidades Autónomas imagino que la oferta será muy similar. Ahora la pregunta viene ¿qué hago con mi vida a partir de julio? No es que tuviera esperanzas reales de sacarme la plaza, pero es que ya no tengo ni siquiera la posibilidad de intentarlo en alemán. Sí, ahí están inglés en EOI y en Secundaria y Lengua en Secundaria, pero todavía tengo que hacerme a la idea antes de aceptarlo.

Por lo menos ahora tengo más seguidores en Twitter.

PD: Otro día hablaré de los alemanes que cobran 400 €, de los minitrabajos, de que cada uno cuenta la feria como le ha ido, de lo que nos cuentan y de lo que escuchamos. Pero ahora mismo no tengo ganas de nada.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Voy a ser papá

Voy a tener un bebé, pero tranquilos, ni lo llamaré Lucifer, ni lo vestiré de mujer (si él quiere hacerlo de mayor, yo ahí ya no me meto). Y es que, amigos míos, el reloj biológico no se anda con tonterías, y sólo era cuestión de tiempo traerle un compañero de juegos a Pablete y a Angelilla.

Es cierto, que no es algo que estuviera planeado, y que (como bien sabéis quienes me concéis más allá del blog) ni siquera tengo novia formal. Pero creo que a estas alturas de la película no hace falta explicar cómo se hacen los niños, y es una verdad universalmente reconocida que no hace falta una pareja estable, sino que con quince minutos, un calentón de tamaño medio y una inconsciencia de tamaño monumental es más que suficiente.

Quienes me habéis visto en (in)acción en las discotecas sabéis que soy un tímido patológico. Que eso de ponerme a pico y pala con una completa desconocida es algo que ocurre cada siete años bisiestos que acaban en número impar, así que ya de tener éxito, mejor ni hablamos. Evidentemente, conozco a la madre del futuro peque de antes, de mucho antes.

Es una chica de mi clase de la Universidad. La verdad es que durante los cinco años que estudiamos juntos nos llevábamos superbien, y era una de las personas con las que más me juntaba. Al acabar la carrera nos fuimos distanciando, se fue de Córdoba y yo también, y ahora cuando vuelvo a Córdoba apenas nos vemos, porque si quedo con gente de la carrera, quedo con otra gente. Pero claro, el facebook nos mantiene al día y seguimos en contacto. Aprovechando las vacaciones de navidad y que los dos estamos ahora mismo en Córdoba ayer quedamos de nuevo y me lo contó.

Ella es suiza (de padres españoles, pero criada en Suiza y que volvió a España con 16 años), así que allí viven sus hermanas. Hará un par de meses, estaba ella vistando a su familia, y como Basilea queda muy cerca de donde yo vivo y nunca he estado, pues fui a visitarla un fin de semana. Con las coñas y el alcohol pasó lo que tenía que pasar y acabamos por resolver esa tensión sexual no resuelta que hay siempre en las clases de filología.

Así que ahora dentro de unos meses, el pequeño afra crecerá del tirón (aunque creedme que cuando me he enterado me han caído encima una pila de años de golpe) y habrá otro pequeño miniafra correteando por el mundo. Os pongo aquí una ecografía. Ya sé que es absurdo, pero creo que tiene mis ojos (menos mal que no tiene mi nariz). Para ver la eco, pinchad aquí.

martes, 27 de diciembre de 2011

¿A qué fuiste a Graná?

A ná.

Pues eso mismo me ha pasado esta mañana. El primer día no festivo de vacaciones, el primer día en que me puedo sentir privilegiado por tener un trabajo en el que todos los días entre el 23 y el 8 son vacaciones, voy y lo celebro levantándome a las ocho de la mañana para renovarme el DNI. Hay quien sabiamente dice que quien no tiene cabeza tiene que tener pies, y algo así me ha pasado. Entre las múltiples cosas que me he dejado en Alemania (la primera y última vez que hago una maleta sin haber hecho antes una lista de lo que me tengo llevar) están las fotos carnet; así que justo antes de ir a la comisaría, ha tocado una parada técnica en un fotomatón. (Nota: No vuelvo a echarme fotos carnet recién pelado, salgo con cabeza huevo), por lo menos en estas fotos salgo mejor que en las que me he dejado en Alemania (claro que tampoco es muy difícil), aún así confirmo ese gran grupo de facebook que se llama "Nadie es tan feo como en su DNI ni tan guapo como en su foto de perfil".

Bueno, pues como sobre las diez y poco ya estaba listo con mi nuevo DNI y toda la vida por delante, decidí aprovechar la mañana: comprarme un billete de autobús para subir al norte, visitar una exposición sobre la vida diaria del imperio romano (o eso creo, porque se llama "Romanorum Vita"), buscar libros para regalar por Reyes, buscarme libros de didáctica o de actividades para hacer con mis alumnos o para las oposiciones, y comprarle un diccionario de alemán a mi hermana (que para alguien a quien convenzo de que el alemán es guay, tendré que animarla).

Pues bien. En una de las mejores librerías de Córdoba la sección de idiomas deja mucho que desear, no he encontrado ningún diccionario de alemán (en realidad de ningún idioma, excepto español) en condiciones y sólo he encontrado un libro que me ha interesado y que he estado a punto de comprarme: Cocina tradicional andaluza. Pero cuando lo tenía en las manos y me he puesto a hojearlo, primero se me ha hecho la boca agua, y después he recordado que en Öhringen no tengo jureles, boquerones, calamares, solomillo ni jamón. Así que he suspirado y lo he devuelto a la estantería.

He ido a ver la exposición, y "oh tristeza, oh dolor, oh campos de soledad, mustios collados" resulta que abren a las 12:30 para cerrar a las 14:00. Vale que no pido que la abran a las ocho de la mañana que no va a ir ni Pirri, pero ¡¡¡¡¡a las 12:30!!!!! Señores, que tengo cosas más importantes que hacer (quizá no más interesantes, pero sí más importantes). A lo mejor es que ya estoy demasiado alemanizado y empiezo a considerar que la tarde empieza a las 12:00. Vamos que creo que las diez de la mañana (o incluso las 10:30) no es mala hora para abrir la exposición.

Inmediatamente después: el segundo momento "tranquilito y sin prisas que ya no estás en Alemania". De la no-exposición he ido a la estación de autobuses, he esperado pacientemente a que un señor comprase su billete y cuando he llegado a la ventanilla y la señora ha visto que no quería un billete de salida inmediata, sino para otro día, me ha dicho "Espera veinte minutos a que abra que ahora estoy muy agobiada". Eso eran las 11:10 de la mañana. Con un cálculo rápido se deduce que abren la ventanilla de venta de billetes a las ¡¡¡¡¡¡¡11:30 de la mañana!!!!!! Definitivamente lo compro por internet.

Después de no comprar el billete de autobús he decidido ir al Corte Inglés, que si todo el mundo compra allí los libros será por algo. Pues sí, es porque nadie compra libros de idiomas. Si en Beta la sección de idiomas era descorazonadora, en el Corte Inglés por poco me he echado a llorar. La sección de idiomas son cuatro baldas de una estantería. Una estantería relativamente profunda. Tan profunda que en cada balda hay dos filas de libros, pero los libros de detrás no son los mismos que los de delante, así que la única forma de verlos es sacar los de delante y, si los de detrás no son lo que buscas, volver a colocarlos en su sitio. Así no hay quien compre un libro. Definitivamente, el Corte Inglés apoya a las librerías de barrio. Por lo menos sí que he encontrado un diccionario de alemán para mi hermana (después de buscar y rebuscar), pero no era el que buscaba.

En esas estaba, intentado descifrar la lógica del Corte Inglés para ordenar los libros en las estanterías - desde luego por orden alfabético no es (ni por título, ni por autor) - y cuando estaba comprobando si los ordenan por el color de la portada, por la cantidad de páginas o por el número del ISBN, me llamó mi madre al móvil (habíamos quedado en que me llamaba para ir a comprar por el centro) y justo cuando voy a cogérselo va la batería y se acaba. Así que nada, vuelta para casa a corregir y escribir en el blog.

Como ya me conocéis, sabéis que todavía no he corregido.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Feliz Navidad

Podría hablar del portátil desde el que escribo esta entrada, mi nuevo portátil viejo; nuevo porque lo compré el otro día (ese difuso periodo de tiempo comprendido entre ayer y hace cinco años) y viejo porque lo compré de segunda mano (cada vez soy más fan de la segunda mano, y encima ahora está de moda entre los urbanitas alemanes). Un portátil en el que para escribir ß, ü, ö, ä sólo necesito pulsar una tecla, pero para escribir ñ ¿ ¡ tengo que pulsar 7 teclas (para cada carácter). Pero no, no voy a hablar de eso.

Podría hablar de que ya estoy de vacaciones, que ayer fue el último día de clase (con examen a la última hora), y después de eso tuvimos un claustro de dos horas para no llegar a ninguna conclusión, y después del claustro fue la cena de navidad, donde me lo pasé muy bien, pero acabé harto de hablar alemán, con la cabeza embotada y agotadísimo. Pero acabó mucho antes que la del año pasado. Ayer me fui a las 20:30, y ya quedaban muy pocos, el año pasado me fui a las 23:30 y fui de los primeros en irme. Pero tampoco voy a hablar de eso.

Podría contaros que esta mañana me he levantado a las siete de la mañana para ir al Gottesdienst (¡¡¡¡¡¡¡ni que fuera mi abuela!!!!!) porque tocaban todos mis alumnos. Aunque más que misa, eso ha sido un concierto. Para empezar las únicas palabras de la pastora (no pastora de cabras, sino pastora como sinónimo de sacerdotisa) han sido al final para decirnos "Feliz Navidad, id con Dios" (nunca mejor dicho), lo único que hemos hecho ha sido ver cantar a casi todo el colegio y una coreografía que yo no sabía ya si estaba en una iglesia o en un concierto de los 40 principales (vale, no ha sido tanto como esto, pero casi). Pero no, tampoco voy a contaros eso.

Podría deciros que el martes por fin nevó en condiciones y cuajó; pero fue sólo para que yo no pudiera decir que me voy a casa en Navidad sin haber visto nevar este año, porque por la tarde subieron un poco las temperaturas y llovió, con lo que al día siguiente ya no quedaba nada. Pero tampoco voy a hablaros de esto.

Podría comentaros mi opinión sobre los nuevos ministros, pero creo que no es de recibo hacerlo sin haberles dado tiempo para actuar. Así que tampoco voy a hablaros de eso. Podría comentaros que me ha tocado un buen pellizco en el Gordo, pero como no he comprado ningún décimo pues es evidente que no me ha tocado ni siquiera a devolver.

Así que ya sé de qué voy a hablaros hoy. Hoy voy a hablaros de mañana. Mañana cojo un tren sobre las diez de la mañana, en ese tren (en otro tren diferente en realidad) llegaré a Frankfurt, de allí a Madrid, estoy en Madrid un rato (más largo o más corto, depende de lo que se retrase el avión de Lufthansa), y de allí me cojo un bus a casita. Pero no creáis que voy a estar ocioso todas las navidades, que me llevo un buena lista de cosas por hacer:

- Corregir 51 exámenes.
- Preparar 5 exámenes más para la vuelta.
- Renovarme el DNI.
- Rascarme la barriga cada día por lo menos diez minutos con cada mano (incluyendo los festivos).
- Irme de fiesta con los amigos.
- Comidas varias con amigos y familia.
- Jugar con mis sobrinos.
- Reírme con conversaciones absurdas todo lo que no me puedo reír aquí (mirad que intento enseñarles, pero aquí no son muy dados a tener conversaciones absurdas).
- Subir al norte para no perder la costumbre de viajar (ya sabéis que con "norte" me refiero a todo lo que hay más allá del paralelo 39).
- No engordar (más de cinco kilos).
- Comerme una zapatilla mañana en Madrid (lo que no va ayudar mucho al punto anterior).
- No preocuparme por ver qué voy a comer cada día.
- Cocinar sólo cuando me pidan ayudan (o cuando necesiten mi ayuda aunque no me la pidan).
- Ir al cine.

¿Creéis que seré capaz de hacer todo esto?

lunes, 12 de diciembre de 2011

Si todo va bien, esta entrada se publicará el lunes a mediodía (con fecha del lunes a mediodía). A pesar de estar escribiéndola ahora, domingo por la noche. Es simplemente una prueba. Estoy evolucionando como bloguero.

Este fin de semana tenía pensado ir al famosísimo Mercado de Navidad de Rothenburg ob der Tauber. No ha sido posible. Pero tampoco ha sido un drama. El viernes fue un viernes de manta, sofá y peli. Pero sin manta. Ni sofá. Y con lluvia, mucha lluvia. No fue un viernes de MSP por nada en especial. Sino simplemente porque fue viernes y sólo tenía ganas de no hacer nada. Es más, de no ser por los vídeos relacionados del youtube, habría sido un viernes de siesta interminable. Pero tuvo algo bueno. Por fín vi "Malditos bastardos" (que me la compré hace dos semanas). En versión original, por supuesto. Y digo "versión original" y no "inglés", porque la versión original es en inglés, francés y alemán. No sé cómo lo habrán hecho para doblarla al español, pero viendo cómo doblaron "Una casa de locos" prefiero no saberlo.

El sábado me desperté despertaron relativamente temprano (a las diez de la mañana) y me puse a reparar mi cama (además de cocinero soy carpintero en mis ratos libres, una joyita, vamos... y encima estoy de oferta :-P ). Todo esto antes de que llegaran mis invitadas (Paloma y las dos Cristinas). Con la intención de ir a Rothenburg ob der Tauber. Pero la huelga de transoporte público de la KVV se cruzó en nuestro camino. Así que Cristina V. llegó una hora más tarde de lo previsto, y como las conexiones entre ciudades de BaWü no son precisamente como en el centro de Berlín, pues perdimos la oportunidad de ir a Rothenburg y tardar menos de cuatro horas para volver a casa. Así que hicimos lo que mejor se nos da a los españoles: ser espontáneos. Cambiamos de planes sobre la marcha (un alemán habría tenido un cortocircuito mental antes de cambiar planes sobre la marcha... bueno, y también habría planeado con tres semanas de antelación todas las posibles conexiones y posibilidades y las habría apuntado en su agenda. A veces pienso que los españoles somos espontáneos por necesidad).
Decidimos comer en el mercado de Öhringen y después irnos al mercado Weihnachtsmarkt de Bad Wimpfen. Ya estuve el año pasado, pero este año ha sido totalmente diferente. El año pasado estuvimos de día y nos fuimos después de comer, y este año llegamos después de comer y lo vimos un poco cuando todavía era de día y sobre todo por la noche. Además, algunos subimos a la torre, desde la que se ve todo el pueblo y alrededores y está chulísimo. Pero como la neurona no me da para acordarme de respirar y de coger la cámara, pues no hay fotos (¡Qué tiempos aquellos en las que podía hacer más de 100 fotos en un sólo día!).
Y casualidades de la vida, allí mismo, bajando las escaleras de la torre justo detrás de nosotros, estaba una profe nueva del instituto con sus padres. Si es que ya estoy hecho todo un alemán, que hago lo mismo que ellos en Adviento... excepto por lo de decorar la casa, encender una vela cada domingo hasta Nochebuena, ponerme a tocar instrumentos por la calle, decir que ningún año el tiempo ha sido tan malo (por exceso de frío o de calor) como éste y hacer galletas caseras como si no hubiera un mañana (bueno, en esto último sí que nos parecemos un poco).
Y ya por la noche, Paloma y nuestra Cristina volvimos a mi casa en plan base de operaciones. Volvimos para descubrir que estábamos más ringaítos de lo que pensábamos (sé que la palabra "ringado" no existe, así que la escribo como suena, y significa MUY cansado). De hecho, Cris se quedó dormida en el sillón y todo. Bueno, para eso y para ver el Madrid-Barça. Pero como resulta que la TV3 internacional no lo emitía, al final acabamos viendo el Supertalent.

El domingo por la mañana me desperté antes de que sonara el despertador y decidí ponerme a trabajar. Así que me puse a escribir el texto que van a escuchar mis alunos en el examen del viernes. Es un diálogo a tres que Cris, Paloma y yo grabamos justo después de comer (a lo mejor lo cuelgo después de haber hecho los exámenes).
Y después de dejarlas en al estación, pues simplemente me volví a casa para seguir preparando clases y trabajando. Pero claro. Si te encanta cocinar y tienes masa del día anterior, pues lo normal es ponerte a hacer pan. Y mientras se hace el pan, para no aburrirte pues lo normal es ponerse a ver los vídeos del youtube y también es el mejor momento para ponerse a limpiar a mano los paños de la cocina, como todo el mundo sabe.
Ah, y otra cosa que hice: tuitear. En el twitter encontré por casualidad un artículo que a más de uno de vosotros que me leéis se os agarrará al pecho y os hará tener la sensación de estar mirándoos en el espejo: Emigrantes otra vez.
El caso, que en el momento de escribir esta entrada, sólo tengo medio preparada una de las clases de mañana.

Ea, pues sed felices.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Jam Weihnachtssession

Antes de que se me olvide. Cada día lo flipo más por la forma en que la gente llega a este humilde blog; es cierto que ya hace tiempo que no llegan mexicanos buscando imágenes de la medusa (en serio, hubo un tiempo en que llegué a pensar que "medusa" en México tenía un significado desconocido en España), pero hay gente que llega buscando cosas como "competencias nocionales" (¡Cómo si yo tuviera la más mínima noción de algo!). Un día descubrí que hay un enlace al blog en un página de barcos holandeses y rusas que se anuncian para casarse con europeos (surrealista total). Hoy he descubierto dos enlaces algo más lógicos. Uno ya me lo esperaba, y es el de recetín (recetas de cocina para niños), me lo esperaba porque el autor es amigo del facebook y estudiamos juntos en el colegio. Pero el que me ha dejado con la boca abierta no, lo siguiente ha sido éste.

Y ahora, a lo que iba.

¿Sabéis lo que es una jam session (léase llém séshon)? Pues básicamente una serie de músicos independientes que quedan para improvisar todos juntos. Pues eso es lo que ha sido este finde.

Por segundo viernes consecutivo me fui correindo del instituto para hacer pan relleno y bizcocho que me venían visitas, y ¡¡menuda visita!! Venidos (casi) directamente desde Barcelona (pasando previamente por Tübingen) llegaron ni más ni menos que Aitor y Mariana. Llegaron sobre las seis, soltaron las cosas, comimos (esa comida que es almuerzo-merienda-cena que es LA COMIDA que hacen los alemanes y que según mi madre es la causa de que yo esté en constante expansión como el universo) e hicimos la visita obligada al Weihnachtsmarkt de Öhringen (como estaba lloviendo no tenía sentido ir más lejos), después de estar un rato viendo instrumentos musicales, visillos y adornitos de navidad (que no todo es salchichas y vino) acabamos acercándonos al puesto de la comida y pidiéndo unos Glühwein y un Kinderpunsch (zumo de manzana caliente) y he de admitir que el Kinderpunsch está más bueno que el Glühwein (en serio, mejor que deje de probar cosas en los mercadillos de navidad que a este paso voy a acabar admitiendo que el Glühwein es peor incluso que la lejía). Pues ya estábamos en esas, devolviéndo una taza para que nos dieran nuestros dos euros de fianza cuando oigo de repente "¡¡Rísquez, Rísquez!!". Resulta que eran tres profes del colegio con el conserje que estaban alli tomándose unos Glühweine, así que después de las presentaciones pertinentes y de criticar un poco nuestra patria chica de adopción, nos fuimos al pub (lo de EL pub es literal, porque hay uno en todo Öhringen). Los dos profesores y el conserje se pidieron una caipirinha (sí, caipirinhas a las ocho de la tarde), la profesora se pidió una coca cola light, Mariana se pidió un chocolate caliente y yo opté por el punto medio y me pedí una cerveza. Cuando se acabó la ronda y los profesores ya estaban viendo si se pedían otra caipirinha o pasaban a algo más fuerte, los españoles decidimos que nos retirábamos en la cumbre de nuestra carrera.

Al día siguiente sin necesidad de madrugar en exceso pusimos rumbo a Ulm, donde nos encontramos con Lukas y Aga (su mujer), con Marta, Javi y Pablito, y con Inga y Clara (dos amigas de Tübingen de Aitor y Mariana). ¡Qué alegría de volver a ver a la gente! No os voy a hablar del frío y el viento que hacía, no os voy a contar lo impresionante que es la catedral de Ulm, ni siquiera os voy a enseñar mi nueva taza para la colección y no voy a deciros que comí carne y carne hasta que casi me salió por las orejas (acompañado por Aitor, por supuesto). Pero sí quiero deciros que cada vez que veo a la familia Victorero se me acaban recargando las pilas, y que cada vez que juego con Pablito o que simplemente lo cojo de la mano para ir por la calle, me acuerdo del Pablito y la Angelilla que me esperan en Córdoba y que cada vez tengo más ganas de que pasen estas tres semanas. Y antes de ponerme sentiemental, sigo con lo que estaba. Después de comer y dar una vuelta, Marta, Javi y Pablo se volvieron a casa, los demás nos fuimos al mercado de navidad y a tomarnos el último Glühwein de la temporada (por lo manos de este fin de semana). Estuvimos viendo el mercado, cantando villancicos, perdiédonos y reencontrándonos al ritmo de "Los peces en el río", viendo el sacudidor de colchones de don Pantuflo Zapatilla, etc. y al final (caundo se fueron Lukas y Aga) decidimos que Clara e Inga mejor que no cogieran el tren, que en mi casa hay sitio para todo el mundo. Así que a pesar de sus reticencias inciales, aquí acabamos los cinco la noche después de una paradita técnica en Gingen para comprar la cena y para despedirnos del Hemingway (INCISO: el otro día descubrí que mis alumnos ALEMANES no saben quienes son ni Hemingway ni Günter Grass).

Sobre una hora después de salir del Hemingaway estábamos llegando a Öhringen y poniéndonos a cocinar. Es una verdad universalmente reconocida que cuando tengo invitados no les doy de comer lechuguita. Cuando Isabel Preysler tiene invitados de improviso les pone Ferrero Rocher, yo les hago cualquier cosa con masa casera de pan o pizza. Y claro, como no estoy acostumbrado a cocinar para cinco personas, pues no tengo cogidas las medidas, y puse a todo el mundo a preparar cosas y al final creo que voy a estar desayunando pizza y bizcocho hasta la semana que viene. Pero ¿y lo bien que nos lo pasamos? ¿Y lo que nos reímos? ¡Que para eso es el fin de semana!

Esta mañana (o más bien al mediodía) después de desayunar como leones (y aún así no acabarnos las pizzas de ayer por la noche) pusimos rumbo a Heidelberg, donde vimos a gente que ya conocíamos y paseamos bajo la lluvia, nos tomamos una salchicha en el mercado navideño y dejé pasar la oportunidad de ampliar mi colección de tazas de Weihnachtsmarkt con una taza que en alemán se puede definir como "Wie süüüüuüüüüüß!!", en inglés es "so cuuuuuute!!!" y en español gracias a Dios no tenemos una expresión capaz de encerrar tanta pastelosidad y monería. Vamos que es una taza cuya asa tiene forma de corazón, porque, por lo visto "ich hab' mein Herz in Heidelberg verloren"

Y hora y media después ya estaba cada mochuelo en su olivo (o yo por lo menos ya me estaba empapando en Öhringen, comprando un billete de tren para mañana, que los profesores también tenemos que formarnos de vez en cuando).

domingo, 27 de noviembre de 2011

Barroco-kebab connection

¿Qué tienen en común el famoso mercado navideño barroco de Ludwisburg y el kebab más chungo de Heilbronn abierto a las cuatro y media de la madrugada?
La respuesta es evidente: nosotros.

Y ¿cómo se llega de uno de los mercados navideños con más solera a una de las peores tradiciones juveniles alemanas? Respuesta corta: cogiendo el tren y aprovechándose de las casualidades.

Pero como sé que no sois de respuestas cortas, mejor os cuento todo desde el principio.

El viernes venía Iza de visita y llegaba a las doce, y un poco antes tenía que llegar Sonia. Así que nada más salir del cole, puse en marcha el horno y poco antes de que llegaran ya estaban hechos un pan preñao y un bizcocho de limón (reconozco mis límites, pero sinceramente tengo que decir que cada vez soy mejor cocinero).

A las nueve y media llegó Sonia, y conforme soltó su maletilla en mi casa, pusimos rumbo al Mercado de navidad a inaugurar la temporada de Glühwein, nos pedimos uno, nos quedamos con la taza y de vuelta para mi casa cenar y a esperar a Iza.

Cuando Iza llegó, planeamos el día siguiente mientras (re)cenábamos y charlábamos (creo que antes de venir aquí no usaba tanto el verbo "charlar"). El plan era vistar los mercados de Ludwisburg, Esslingen y, si daba tiempo, el de Heilbronn (porque ayer cerraba a las once en vez de a su horario habitual de las nueve de la noche).

El sábado nos levantamos, le hicimos a Iza la visita panorámica de Öhringen, y nos montamos en el tren camino de Ludwisburg; en Heilbronn se nos unió Cristina y un rato después estábamos llegando al mercado de Ludwisburg.

No te digo ná y te lo digo tó. El mercado de Ludwisburg será muy famoso y será todo lo que tú quieras, pero de barroco aquello no tiene nada (o a lo mejor es porque ayer hacía calorcito y un mercado de de navidad con temperaturas por encima de 0 grados no es un mercado de navidad auténtico). Es "barroco" porque está en la plaza de la iglesia, que sí es barroca (por lo menos por fuera, que no entramos a verla por dentro). Pero igual que no hay quinto malo, no hay mercado de navidad que decepcione. Allí que nos tomamos nuestras salchichas y nuestro Glühwein, pero no por el hecho de bebernos ese "delicioso" vino tinto caliente con especias (eso ya lo sabéis) sino por la consabida taza de mercado de navidad (que uno tiene que pensar en el futuro y eso significa que me tengo que montar un ajuar en condiciones, jejeje). Allí se nos unieron durante un rato María y Martin, que luego volverían en el mercado de Esslingen, y nos descubrirían (sobre todo Martin) algo, pero... todo a su debido tiempo.

La siguiente parada fue el famoso mercado medieval de Esslingen (sí, este finde ha consisitido en viajar en el tiempo a través de los mercados de navidad). Pero ése ya lo concíamos, así que tampoco nos sorprendió mucho. Eso sí, esta vez cayeron unos Maultauschen con huevo para chuparse los dedos (más la consabida taza para añadir a la colección). Y al rato, cuando el mercado ya no daba más de sí, nos cogimos un tren directo a Heilbronn.

Llegamos a Heilbronn muertos, pero conseguir una taza más para el ajuar la colección bien merece la pena aguantar un poco en el mercado (además habíamos quedado con María y Martin). Nos dimos un paseíto de la estación al mercado (que es bastante más pequeño que el Weindorf, ver para creer), esperamos bebiendo agua a que llegaran María y Martin y cuando llegaron se pidieron un Feuerzangenbowle (versión rápida: como una Queimada, pero sin Conxuro y con ron en vez de Orujo, o más rápida todavía, como el Ron cremat), que está mejor que el Glühwein (¡¡¡¡¡BLASFEMIA BLASFEMIA!!!!!!). Pero como soy así, pues en vez de un Feuerzangenbowle, me pedí el último Glühwein de la noche. Y en eso estábamos, ya acabándonos nuestro último vino del fin de semana, dispuestos a darnos dos besos y decirnos "adios muy buenas, que ustedes duerman bien" cuando de repente una muchachada que había detrás nuestra nos dijo con un perfecto acento compostelano "ah ¿pero sois españoles?" y ahí comenzó la noche.

Y es que cuando cuatro gallegos y un barcelonés (pero que ya era casi más gallego que catalán) te hacen esa preguntan en una ciudad con encanto alemana a las ocho de la tarde sabes que para que la noche acabe mal, alguien tiene que cagarla mucho, pero mucho mucho (spoiler: nadie la cagó). Nos pusimos a hablar y a reir. A concernos en definitiva, y al final preguntaron "¿sabéis donde se puede beber una cerveza por aquí?". ¿Conocéis esa sensación de encontrarte de repente con alguien a quien no conoces absolutamente de nada y caeros bien desde el principio? Pues algo así ocurrió.

En un principio sólo íbamos a guiarles al bar, pero una vez dentro vimos que tenían Bierkeller (es decir, cerveza que elaboran ellos mismos en el sótano - es decir, la mejor cerveza de todas). Bueno, pues allí estábamos dos grupos de perfectos desconocidos alrededor de una mesa hablando de todo un poco, contándoles nuestra experiencia en Alemania, oyendo de su viaje por este país y recomendándoles dónde ir después. En ese momento nos presentamos (en serio, hasta ese momento no nos habíamos dicho los nombres). Una cosa llevó a la otra, a rianxeira llevó a las canciones singvergüenzas de Iza y al final acabamos los nueve cantando villancicos, hasta tal punto que un cliente nos dijo que bajáramos la voz. Así que bajamos la voz y seguimos cantando hasta que ya la camarera nos trajo la cuenta (después haber subido todas las sillas encima de las otras mesas).

Iza, Sonia y yo nos fuimos a coger el S-Bahn mientras íbamos los nueve cantando villancicos a pleno pulmón por la calle (en serio, os parecerá una tontería, pero cuando llevas tiempo viviendo aquí, cantar villancicos en la calle - o simplemente hablar a un volumen más alto que un susurro - te hace sentirte muchísimo más cerca de casa) hasta que llegamos a la estación del S-Bahn. Llegamos a tiempo... a tiempo para decirle adiós con la mano, ver como se alejaba y tardar medio nanosegundo en decidir que nos íbamos de fiesta con los gallegos porque el siguiente era el primero de la mañana, cuatro horas después.

Así que pusimos rumbo a explorar la noche de Heilbronn. Después de descartar varios locales por caros o porque estaban a punto de cerrar, al final acabamos en el Caipirinha, donde casi no bebimos nada, pero no paramos de bailar y pasárnolo bien. E incluso hubo quien ligó y rechazó a sus pretendientes. Hasta que llegó el momento en que ya el cuerpo dijo "basta".

Después de una búsqueda totalmente infructuosa de un lugar donde comer (os recuerdo que desde Esslingen no habíamos probado bocado), Cristina se fue a su casa. Los ocho la acompañamos y de vuelta de su casa para la estación (de donde salía nuestro S-Bahn y donde estaba el hotel de los gallegos) encontramos un kebab abierto a las cuatro y media de la mañana (en España sería algo así como encontrárselo abierto a las siete de la mañana). Mira que no era nada del otro mundo (de hecho, en condiciones normales nunca habría entrado), pero es el kebab que más rico me ha sabido en toda mi vida. Cuando acabamos de comer, dejamos a los gallegos en su hotel, esperamos diez minutos a que saliera nuestro S-Bahn y a las 6:30 estábamos calentitos en la cama.

Sólo nos bebimos dos cervezas (tamaño normal, no tamaño alemán), sólo estuvimos sobre hora y media bailando y de hecho, al final acabamos caminando en total casi más tiempo del que estuvimos en cualquiera de los bares. Pero ha sido una noche de esas que echaba de menos, de esas en las que me olvido de los exámenes y de la Vorbildfunktion, de esas de simplemente pasártelo bien en buena compañía sin que te importe nada más. De esas que hacen que a veces me crea que Berlín SÍ es parte de Alemania.

Y esta mñana el menda lerenda estaba como los niños buenos a las diez y media en planta y después de un café y un poco de bizcocho casero ya estaba corrigiéndo exámenes, mientras Sonia e Iza dormían. Que quien tiene cuerpo para irse de fiesta, también lo tiene para trabajar.

jueves, 24 de noviembre de 2011

A pesar...

... de lo que pueda parecer no estoy muerto. Pero tampoco estoy de parranda... por ahora.

Mañana empieza mi época favorita del año alemán: la época de los Mercados de Navidad.

Soy fan de los mercados de navidad (teniendo en cuenta lo rara que es alguna gente, tampoco creo que sea tan grave), así que estoy de buen humor (de muy buen humor, de hecho). Y este finde me visita Iza y el que viene me visitan Aitor y Mariana (así que estoy de un humor inmejorable).

Esta semana me he enterado de que las 27 horas que doy de clase en el instituo seguramente las dé otra persona (pero soy consciente de que yo soy más listo, más guapo, más limpio y más tó que quien venga, y con eso me basta). Todavía tengo que decidir si estoy de buen o de mal humor por ello, pero entre que soy un optimista empedernido y que la sangre y la tierra empiezan a tirar (que ya era hora), creo que estoy de buen humor.

También he empezado con el Máster de traducción especializada alemán <> español. Y, oye, estoy bastante animado.

Hoy ha salido la noticia de que Andalucía es la tercera región con más paro de toda Europa, superada sólo por la Isla de Reunión (Territorio francés de Ultramar en el Caribe) y por Canarias. Eso me baja un poco el buen humor (pero España es muy grande, y aunque tenga que aprender a pronunciar las eses finales de las palabras, espero encontrar algo en algún sitio).

Además acabo de volver del curso de teatro, que hace que esté de buen humor, pero supercansado. Y estoy llamando a mi tía (y madrina) porque es su cumpleaños, pero no me coge el teléfono.

En resumen, que si no escribo es porque no tengo apenas nada que contar.

Para leer de las elecciones coged un periódico, el que más os plazca; que os recuerdo que a veces hablo de Política, pero no de partidos ni de políticos.

martes, 15 de noviembre de 2011

15-N

Quedan cinco días para las elecciones. Hoy acaba(ba) el plazo para votar por correo, al menos desde el extranjero... sólo para quienes tengan derecho a voto. Yo no lo tengo. Pero ya lo sabía, me enteré en septiembre. Ahora sólo me queda esperar poder recuperar ese derecho en marzo, aunque tampoco sé si servirá para algo, porque seguramente no podré votar.

Al inscribirme como residente en Alemania renuncié a mi derecho a votar en las municipales (creo que eso ya lo dije, pero nunca está de más recordarlo), y me inscribí demasiado tarde para poder pedir el voto por correo (porque me dieron cita casi siete semanas después de haberla pedido).

Hoy se puede leer en el blog de Mortiziia la entrada que me temía leer desde hace una semana (en realidad desde mucho antes). Cuando Mercedes me dijo ayer que a ella le había llegado todo el viernes (votó el mismo viernes porque sábado y domingo no se puede votar ya que Correos está cerrado, el lunes tanto ella como yo trabajamos de 8:00 a 16:00, que es cuando está abierto correos, y hoy es el último día y también tenía que estar todo el día en el instituto) pensé que a lo mejor no iba a pasar lo que me temía. Pero no, al final ha pasado lo que todos esperábamos.

Sinceramente, creo que acabarían antes si directamente nos prohibieran votar a los expatriados en vez de hacer el paripé, en vez de hacernos ir al Consulado más cercano (quienes vivís en España tenéis una oficina de correos en vuestra misma ciudad, yo tardo tres horas con tres cambios de trenes para ir al Consulado, que no tiene un horario de 8:00 a 19:00 como Correos en España, sino de 9:00 a 14:00, y no soy de los que lo tienen peor) a suplicar el derecho a voto, para luego mandar tarde todos los papeles (o directamente no mandarlo).
Total ya nos prohíben votar en las municipales y nadie se ha enterado, ¿quién se iba a mover si prohibieran votar al casi millón y medio de españoles que vive fuera y tiene derecho a votar en estas elecciones?
Incluso habría quien se alegrase (sé de buena tinta que hay quienes opinan que quienes vivimos fuera no deberíamos tener derecho a votar).

viernes, 11 de noviembre de 2011

El extraño caso de Antonio y el señor Rísquez

Al igual que en la famosa novela de Robert Louis Stevenson, dentro de mí existen dos personas diferentes (aunque muy entrelazadas): Antonio y el señor Rísquez.

El señor Rísquez (casi) nunca lleva zapatillas de deporte, sino que lleva botas o zapatos; Antonio sólo lleva botas cuando hace mucho frío o llueve y no le gusta demasiado llevar zapatos.

El señor Rísquez lleva camisas de colores o rayas, pero nunca lleva camisas de colores claros. Antonio nunca lleva camisa; es más, considera que - a menos que vaya acompañada de corbata, chaleco, chaqueta y pantalones de pinza - no deberían existir.

El señor Rísquez pronuncia todas las eses y las dés, habla muy despacio y con total claridad. Antonio a veces habla tan farfullero que no le entiende ni su propia familia (eso es genético, también le pasa a su primo y a su abuela), nunca pronuncia las eses finales de las palabras y siempre le encanta usar palabras como "saquito", "llegarse" o "pego" y expresiones como "no ni ná", "vete a pegarle peos a una lata", "acuéstate que estás penoso" o "a volar, joven".

Cuando alguien le pregunta al señor Rísquez por su facebook, él responde "¿qué es eso de facebook?"; cuando alguien le pregunta a Antonio por su facebook, él le da su facebook, su cuenta de twitter, la dirección de este blog y le manda un email de esos que hay que usar un calendario para cronometrar el tiempo de lectura.

Al señor Rísquez le encanta enseñar, pero a veces está demasiado apegado a las reglas; a Antonio le encanta actuar, bailar, reír, viajar, querer, brincar, cocinar y rascarse esa panza redonda y grande como la luna que tiene (bueno, el señor Rísquez también tiene una panza considerable) y las reglas... en fin, digamos que considera que las reglas son más orientaciones que leyes.

El señor Rísquez siempre tiene una sonrisa pintada en la cara que anima a sus alumnos a hablar español; Antonio tiene días buenos y días malos (pero es consciente de que los demás no tienen que tragarse sus días malos... a menos que sean los causantes), así que algunos días tiene una sonrisa que le hace sombra al sol, pero otros días tiene una cara que le llega hasta el suelo.

El señor Rísquez no suele levantar demasiado la voz (aunque es capaz de lanzar miradas que hablan mucho más alto que un megáfono), pero tampoco le habla al cuello de su camisa, habla para que le oigan perfectamente los alumnos de la última fila sin que los de la primera tengan que taparse los oídos; Antonio a veces habla tan alto que le oyen desde la otra punta de la calle y a veces habla tan bajito que no le oye ni el propio cuello de su camiseta (os recuerdo que a Antonio no le gustan las camisas).

Al señor Rísquez le encanta preparar exámenes en los que los alumnos tengan que demostrar no que saben reglas y palabras, sino que saben comunicarse, por eso los alumnos tienen que escribir textos, cartas, postales, emails, conversaciones, etc.; Antonio odia corregir esos exámenes porque se queda sin tiempo libre para otras cosas (como rascarse esa panzota que tiene).

El señor Rísquez no habla de política ni de partidos; Antonio parece que tampoco habla de política, pero es porque no habla de partidos, porque es consciente de que la política es mucho más que apoyar a un partido u otro y muchísimo más que ir cada cuatro años a echar un papelito de colores en una urna trasparente (Antonio piensa que la política es pensar, comparar, debatir, conversar, compartir, explicar y dejar que le expliquen a uno, estar abierto a otras ideas, pero no dejar que anulen las propias...)

Al señor Rísquez le encanta descubrir nuevos materiales didácticos y que le manden (o comprar él mismo) libros, juegos y actividades para sus alumnos; a Antonio le encanta crear él mismo los materiales (y el señor Rísquez se lo pasa pipa usándolos), y todavía no acaba de creerse que otros profesores hayan usado sus ideas porque las consideran buenísimas (a pesar de haberlo visto con sus propios ojos). (Bueno, en esto se parecen un poquito)

El señor Rísquez trata a todos sus alumnos por igual; Antonio tiene alumnos favoritos y está deseando que hagan de una vez la selectividad para encontrárselos en el Oktoberfest, estar con ellos de tú y tomarse una caña juntos.

El señor Rísquez va siempre (más o menos) bien peinado; Antonio tiene unos pelos de loco por los que su padre siempre está quejándose, y cada vez que puede (de forma totalmente inconsciente) se despeina un poco más.

El señor Rísquez huele a colonia; a Antonio le huelen los pies (pero no tanto como a esa pequeñaja que a veces le llama "tito" y que siempre le arranca la mejor de sus sonrisas) y ronca (pero sólo cuando ha salido de fiesta).

El señor Rísquez escribe textos sencillitos para que los entienda gente que no sabe mucho español; Antonio escribe entradas de blog que a veces no entiende ni él mismo.

Todo lo que hace el señor Rísquez tiene una razón de ser, porque además todo lo ha preparado con antelación; Antonio a veces escribe entradas que no vienen a cuento nadie sabe muy bien por qué (ni siquiera él mismo).

La gente que conoce a Antonio no acaba de imaginarse al señor Rísquez y la gente que conoce al señor Rísquez no acaba de imaginarse a Antonio.

Además hay un tercero en discordia, que es afra (al que le hacen entrevistas y todo), pero a ése ya lo conocéis más o menos (y es que 218 entradas y 846 tuits dan para mucho), aunque en el fondo espera no dejar nunca de sorprenderos.

Eso sí, la gente que conoce al señor Rísquez ni siquiera puede imaginarse que afra existe.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Bundesverfassungswidrig

O lo que es lo mimso: inconstitucional.

¿Y qué ha declarado inconstitucional (en Alemania, claro) hoy mismo el tribunal constitucional (con sede en Karlsruhe)?

Pues el límite del 5% de las pasadas elecciones europeas. Lo del límite del 5% ya lo expliqué más o menos aquí. Pero en resumen, el límite viene a decir, que (supuestamente, para favorecer la estabilidad del gobierno) un partido necesita al menos el 5% de los votos para conseguir un representante en el Parlamento. (En el Parlamento de los Diputados en España este porcentaje de exclusión es del 3%, en algunas elecciones autonómicas es del 5% o hasta del 6% click)

Ejemplo práctico: Supongamos que hay un millón de votantes (y que todos votan) para elegir a 500 parlamentarios, por una simple regla de tres vemos que el 5% de los votos es 50.000 votos. En teoría, al ser 500 parlamentarios a repartir entre un millón de votos, cada parlamentario cuesta 2.000 votos (2.000 votos x 500 parlamentarios = 1.000.000 de votos). A un partido con 40.000 votos le deberían corresponder 20 parlamentarios (40.000 votos conseguidos /2.000 votos por parlamentario = 20 parlamentarios). Pues en realidad, al no haber conseguido un 5% de los votos totales no le corresponde ningún parlamentario.

Pues bien, el Tribunal Constitucional alemán (Bundesverfassungsgericht, que se me llena la boca, cada vez que lo digo en voz alta) ha resuelto hoy (con cinco votos a favor y tres en contra) que en las pasadas elecciones europeas, ese porcentaje de exclusión (que dejó fuera a siete partidos, que de otro modo habrían obtenido representación en el Parlamento Europeo: die Freien Wähler, die Republikaner, die Tierschutzpartei, die Familienpartei, die Piraten, die Rentenerpartei y el ÖDP click) es anticonstitucional. Sin embargo las elecciones no se repiten y se queda todo como está. Supongo que la eliminación del porcentaje de exclusión empezará a ser efectivo a partir de las próximas elecciones.

En realidad, el Tribunal ha decidido que es inconstitucional porque en las elecciones al Parlamento Europeo no se elige directamente a un gobierno, sino a parlamentarios que después en Bruselas se agrupan dentro de grupos políticos paneuropeos (de esto no estoy totalmente seguro, porque lo he leído directamente en la sentencia del tribunal y mi alemán jurídico no da para tanto). Así que dudo mucho que lo declaren inconstitucional también para el resto de las elecciones. Pero oye, puede ser el primer paso de un largo camino que aún queda por recorrer.

Sincermente, creo que es una gran noticia para celebrar que hace 22 años y sobre esta hora más o menos estaba sucediendo esto.

Enlace
Nota: esta entrada es para todos vosotros, pero está dedicada sobre todo a Mortiziia, que dejó Berlín tan sólo un día antes que yo, pero al igual que en mi caso, se quedó allí un cachito suyo para siempre. Además estoy seguro de que no ha dejado de interesarse por la política alemana (y por la política en general), pero no sé si habrá enterado de esto, porque yo lo he visto de casualidad en Twitter, y ella no es mucho del pájaro azul.

sábado, 5 de noviembre de 2011

California dreamin'

No sé en que día estoy, no sé si son las seis de la tarde o las nueve de la mañana. Me acabo (es un decir) de meter casi veinte horas de viaje entre San Francisco y Öhringen, la última vez que dormí más de dos horas seguidas fue un punto inconcreto el viernes por la mañana en la costa oeste de EEUU, pero creedme cuando os digo que ha merecido la pena y que tengo que repetir.

El sueño californiano empezó el viernes por la tarde-noche.

Nada más salir del trabajo me puse a hacer la maleta y tres horas más tarde estaba en un tren camino de Frankfurt. Allí ví a Soraya, cené en el restaurante donde trabaja (a partir de enero, SU restaurante), estuvimos charlando y poniéndonos al día (que después de más de dos años ya iba siendo hora), dormí en su casa y a la mañana siguiente me esperaban un vuelo de casi diez horas a Charlotte (sentado junto a tres niñas de entre 5 y 2 años, que fueron mejores compañeras de viaje que cualquier adulto con quien haya hecho un vuelo similar; en serio, estuve a punto de abrazar a los padres y felicitarles cuando acabó el vuelo), pasar la aduana, refacturar la maleta, una carrerita por el aeropuerto de esas que tanto me gustan y otro vuelo de casi cinco horas para llegar a San Francisco (¿por qué a los estadounidenses les gusta tanto hablar con desconocidos en situaciones de las que no puedes escapar?).

Lo que pasó después lo leéis en el blog de José Alberto, que escribe con más arte que yo click, además, así descubrís blogs nuevos.

Después de, sorprendemente, no perderme por las calles de Davis (en serio, haced click y leed la entrada de Jose, que no voy a repetir la primera parte del viaje; os recuerdo que llevo desde el viernes por la mañana sin dormir del tirón, además él ha puesto fotos; y ya conocéis mi tendencia al entradainfumabilismo como para añadir tres días a esta entrada), llegué a la estación, compré el billete de tren + bus a SF (que menos mal que José Alberto me explicó antes como funcionaba, porque si no, llego a Los Ángeles y no me doy ni cuenta), planeé que iba a hacer esos dos días durante el camino y un par de horitas después estaba bajándome de un autobús en Market con Powell más perdío que el barco del arroz, pero con unas ganas de descubrir San Francisco que compensaban cualquier cosa (eso sí, sin flores en el pelo). Después de una visita rápida a la Oficina de Turismo (que está justo donde me dejó el bus) puse camino al albergue, con la intención de dejar las cosas e irme a explorar SF por mi cuenta.

Pero un belga se cruzó en mi camino.

Me encanta viajar con amigos, familia, etc; no me gusta mucho viajar solo (aunque ya me voy acostumbrando y eso de ir a mi ritmo sí que me gusta); me gusta conocer gente en los albergues; pero lo que no me gusta nada es que alguien que no conozco de nada o que conozco de hace apenas media hora me marque el ritmo, y eso lo descubrí el miércoles. Repito: que me lo marquéis la gente con la que suelo viajar (amigos, familia, etc.) no me importa, de hecho me gusta.

Cuando llegué al albergue había un tipo en la habitación que se llamaba François y que hablaba (como ya habréis deducido) francés (punto negativo), pero que no era francés (punto positivo), sino belga (sin punto que valga) y que hablaba español y estuvimos todo el rato hablando en español (punto positivo) y que tenía hambre y quería ir a comer (tres puntos, colega); así que teniendo en cuenta que no me gusta demasiado viajar solo y que me gusta aún menos comer solo, su balance positivo de cuatro puntos positivos le convirtió en mi compañero de viaje ese día.

Fuimos a Chinatown, que estaba cerca del albergue y es una zona bastante barata, así que ya empezó el turisteo. Nos metimos a comer en un restaurante chino (obvio) en el que éramos los únicos occidentales, de lo que dedujimos que tenía que ser bueno (como cuando vas por la autovía y ves un bar de carretera lleno de camiones y piensas "éste tiene que ser bueno, porque nadie sabe más de bares de carretera que los camioneros", pues eso, que nos metimos allí a comer, porque nadie sabe más de restaurantes chinos que los propios chinos). Pues mientras estábamos comiendo, François me contó que estaba en California vistando a un amigo, y que para no seguir molestando a sus padres en vez de quedarse en su casa pues se fue a un albergue (y también que el amigo vive en Santa Rosa, y San Francisco es mucho más interesante, ¿dónde va a parar?), pero claro el amigo, para que no se aburriera en SF, pues le dió un bolsita con María la que da alegría y cuando acabamos de comer va y me salta el François "¿Nos vamos a fumar y después vemos cosas o vemos cosas y después nos vamos a fumar?" Así que muy diplomáticamente le dije "mejor vemos cosas antes que uno nunca sabe como puede acabar la cosa". Después de comprender que tenía razón (y si no lo hubiera comprendido, pues ya le podían ir dando viento fresco, que yo no fui a SF a encerrarme en el abergue), fuimos a acabar de ver Chinatown, seguir recto, ver Little Italy, comprarnos un helado (que como estaba derretido, nos devovlieron el dinero y nos dieron otro helado de regalo), intentar ver las focas en el Pier 39 (pero que no había focas ni nada, así que sólo vimos el Pier 39, que es como un parque de atracciones para turistas) y subir a la Coit Tower.

¿Sabéis esa calle de SF que sale en todas las películas con una cuesta interminable que ríete tú del Tourmalet? Pues no es una calle, son TODAS. La Coit Tower está a media milla de la costa, imaginad la inclinación de las calles para pasar del nivel del mar a una de las colinas más altas de SF en media milla, pues eso. Después de subir las cuestas y estar ya que no podía con mi alma me encontré con que para subir a lo alto de la torre había que pagar (entrar a ver los murales de la planta baja es gratis), y estuve a punto de no subir, pero luego me dije "no sabes cuando vas a vovler a SF, si es que vuelves; además los dólares que te lleves de vuelta van a ser papel mojado" así que pagué religiosamente mis 7 dólares (¡¡¡¡¡7 $!!!!!!) mientras François se quedaba abajo y ví las mejores vistas de San Francisco en un día con sol; los que me concéis, sabéis lo que me cuesta soltar un euro (que parezco suabo) pero creedme que mereció la pena. Después de la Coit Tower ya nos volvimos al albergue, eso sí pasando antes por la Grace Cathedral, una catedral impresionante, totalmente blanca por fuera y de madera (obviamente) por dentro.

Ya cerca del albergue, nos compramos seis cervezas para pasar la tarde-noche en la terraza del albergue. Lo que me gusta de los albergues es el ambientillo que se monta en la terraza/comedor/sala del billar/lugar donde se puede encontrar la gente que está en ese momento en el albergue, que no se conocen absolutamente de nada y de repente empiezan a hablar de esto y lo otro; hay quienes prefieren alojarse en hoteles de cinco (o tres, o dos o una) estrellas que ofrecen una cama más cómoda, un desayuno más completo y tener que aguantar los ronquidos sólo de gente que conoces; yo no, yo prefiero viajar con mochila que con maleta y sentarme alrededor de una mesa vieja y de un té recalentado a hablar con otros viajeros y a compartir experiencias, porque una parte de viajar también es aprender y compartir. Veis, por divagaciones como ésta, son mis entradas infumables.

A lo que iba antes de mi defensa del mochileo. Que después de toda la tarde caminando (os recuerdo: solamente Chinatown, Little Italy, Pier 39 y Coit Tower) volvimos al albergue, a tomarnos una cerveza en la terraza del albergue, y a que el François se liara su porro y me dejara tranquilo con tanto "vamos al albergue que me quiero fumar un porro". Después de ver cómo se fumaba unos cinco en menos de tres horas ya comprendí porque parecía que el muchacho tenía una pedrá en la cabeza. Después de cenar y de hablar con más gente de todas partes que se estaban quedando en el albergue, ya me fui a la cama, que al día siguiente me quedaba una ciudad entera por descubrir.

El jueves me levanté a las ocho, desayuné, me duché y me puse en camino (yo solo). Como el día de antes estuve en camiseta porque hacía un calor de órdago, esta vez sólo llevaba una camiseta, y el jersey en la mochila. Craso error.

Primero el Financial District, con la famosa pirámide. No soy excesivamente grande, pero en una ciudad sólo me he sentido así de pequeñito entre los rascacielos de Nueva York. Desde allí vi un edificio de Chinatown que me gustó, así que para allá que fui, y pensé "eso de trabajas como un chino es mentira porque ya son más de las nueve y están todas las tiendas cerradas". Bueno, que divago otra vez, el caso es que andando andando (milla y media, que se dice pronto pero son más de dos kilómetros y cuarto) llegué a la plaza de las Naciones Unidas, y allí entre la plaza y el ayuntamiento había un grupo de ancianitos haciando Tai Chi a las diez de a mañana con un frío que si yo no fuera turista no estaba en la calle. Por eso mismo (por el frío, no por la muchachada del Tai Chi) me metí a ver la biblioteca, a ver si así entraba en calor, y acabé comprándme dos libros de segunda mano (uno de mis objetivos era visitar una libreria de 2ª mano, me doy por ssatisfecho).

Los mapas son muy traicioneros, y más en una ciudad como San Francisco que es totalemnte cuadriculada. Mis siguientes paradas eran la Misión y Castro, que están juntos. Desde la Plaza de la ONU a la Misión Dolores es muy fácil, tiras todo recto, y en la calle Dolores giras a la izquierda y cuatro bloques después ya has llegado, lo dicho otros dos kilómetros y medio cuesta arriba. Como os podéis imaginar, dentro de la misión estuve bastante rato, entre otras cosas porque dentro había bancos y se estaba calentito. Caundo salí de la misión ya había nubes grises en el cielo, pero los turistas no le hacemos caso a esa serie de señales, así que seguí mi camino dirección a Castro. Conforme vas llegando se van viendo más y más banderas arco iris, hasta que llegas a la plaza Harvey Milk, donde hay una bandera del tamaño de la bandera española de Plaza Castilla. Justo en ese momento empezó a llover a cántaros, así que decidí que los seis kilómetros que me separaban del albergue no los iba a hacer de nuevo a pie, me metí en un tranvía, me volví al albergue, me puse el abrigo y me fui a comer.

Después de comer, miré en la guía qué me faltaba por ver y se la mandé a José Alberto por correo (porque era suya y él es probable que vuelva a SF antes de navidad, de hecho, creo que ahora mismo está allí). Visité Union Square, Japantown (que no es lo mismo que China Town, está más lejos, en otra colina, y con otras colinas de por medio) con su pagoda y su centro comercial con todas las tiendas japonesas. De allí me fui andando a Lombard Street. Y desde allí volví otra vez a la Coit Tower, a echar fotos, no desde la parte de arriba de la torre (evidentemente no pagué otros siete dólares) sino desde el jardincito que hay detrás de la torre. De la Coit Tower se puede salir de dos formas, por una cuesta que lleva al mismo sitio por el que subes a la colina, o por las escaleras de Greenwich Street (Filbert Steps). Las escaleras no están indicadas, y si no sabes a donde llevan y aún así te arriesgas a bajarlas, tienes la sensación de que va a llegar un momento en el que te vas a tener que dar al vuelta porque no hay salida. De hecho, cuando estaba dudando si tirarme por las escaleras o bajar por donde bajé el día de antes, se me quedó mirando un señor y tuvimos la siguiente conversación:

Random Asian Turist: Are you a local? (segunda vez que me lo preguntaban en menos de quince minutos)
afra: Nope
R.A.T.: Then, where are you going?
afra: I don't know. Just to see what there's down there.
R.A.T.: Oh... ha ha ha ha ha (1)

Y eso fue el impulso que necesitaba para tirarle escaleras abajo. Creedme cuando os digo que me alegro enormemente de haber bajado por ahí (aunque mis rodillas no están del todo de acuerdo), es una de las mejores vistas de San Francsico, tienes la sensación de andar por la selva en todo momento. Os pondría fotos, pero ni las que hice yo, ni las que he encontrado en Google hacen justicia. Las escaleras dan a la plaza Levi's (donde se empezaron a hacer los vaqueros de esa marca). Y desde allí por el embarcadero hasta Farmer's Market, que me recordó un montón al Quincy Market de Boston. Después de cenar allí, volví dando un paseo por Market Street hasta el albergue para despedirme de la ciudad.

Esa noche no hubo cervezas, ni charlas con otros alberguistas, sólo cama porque estaba que no podía con mi alma.

Y ya después, poco más que contar, que parece que todo eso fue ayer, que parece que me levanté esta mañana para coger el avión de vuelta y que espero que el jet lag no me mate el lunes.

(1)
Guiri asiático cualquiera: Tú ¿eres de aquí?
afra: ¡qué va!
G.A.C.: Y ¿adónde vas por ahí?
afra: Ni idea, a ver qué hay ahí abajo
G.A.C.: Aaahhh, jajajaja.