lunes, 18 de abril de 2011

La deformación de Öhringen

Después de Herbrechtingen, Giengen, Tauberbischofsheim y Crailsheim ya iba tocándo una deformación en condiciones en Hohenlohe, así que ni corto ni perezoso la organicé para este finde (que acabó ayer) nada más mudarme. Mi idea era empezar el viernes y no acabar hasta el domingo en el hospital por agotamiento exhaustivo. Sin embargo como los excesos no son buenos, me pusieron un claustro el viernes a las cuatro de la tarde, que entre pitos y flautas no acabó hasta las siete. Así que tuvimos que posponer la inauguración hasta el sábado al mediodía (y menos mal).

El viernes por la noche (después del claustro) se vino Mercedes mi casa y estuvimos haciendo pan relleno (otro día escribo una entrada sobre cómo hacer pan relleno) para el día siguiente. Al final entre unas cosas y otras no me acosté antes de las dos de la madrugada, pero fijaos lo maravilloso que es no tener persianas, que el sábado antes de las 8:30 el menda ya estaba en planta.

Me levanté, empecé a hornear el pan y a preparar los colchones (que menos mal que vivo en lo que podríamos llamar una mansión, porque de repente me tuve que inventar un colchón, que había calculado mal), y me fuí a comprar algunas cosillas para comer. Antes de que me quise dar cuenta ya llegó la familia Viñes, y en menos de viente minutos ya estábamos todos los profes visitantes.

Mientras los Barbacoameisters se pusieron a encender las brasas, algunos nos fuimos a comprar más cosas que faltaban. En eso que estábamos comiendo y ya llegó Mercedes. Básicamente lo que hicimos fue barbacoa en el jardín, con nuestro céped, nuestro sol y nuestra temperatura de primavera alemana (que viene a ser un poquito más de calor, pero no mucho, que los peroles de San Rafael de finales de octubre en Córdoba). Ya cuando llegó la hora del Kaffe und Kuchen (léase cafecújen) nos subimos a la casa, encendimos la estufita y nos tomamos nuestro café y nuestras tartas por cortesía de Marta, Javi y Mercedes; y allí con los vapores del fuel de la caldera, la tartas, y la tontería que nos entra cuando nos juntamos, acabamos echándonos muchas risas. Pero llega un momento en esta vida en que los Lunnis y los niños se van a la cama... y si viven a hora y media en coche, sus padres también. Así que nos despedidmos de la familia y cuando Gema se estaba yendo también en el tren, llegó Mar.

Los que quedábamos nos fuimos a un bar, nos tomamos una birrilla y volvimos al Risquezschloss (que se puede traducir como castillo Rísquez, mansión Rísquez, palacio del cacique del pueblo, o simplemente "casa", como yo lo llamo), allí a tomarnos la última. Cuatro horas más tarde (es que la última todo el mundo sabe que da para mucho) despedimos a Mar y a Mercedes y los que nos quedábamos nos metimos en la cama (cada cual en la suya, que nos queremos mucho, pero un colchón de 90 no da para tanto).

Y ya al día siguiente, nos tomamos un desayuno de campeones, nos fuimos de visita por el pueblo de nuevo, y acabamos la visita en el minizoo de Öhringen. Las chicas del norte y yo volvimos al castillo a degustar una deliciosa tortilla de patatas y después de eso, ya se fueron.

Cuando se fueron me dije "voy a charlar unos minutillos con mis padres, que no hablo con ellos desde el jueves" y una hora y cuarenta minutos más tarde cortamos el skype (y encima se me olvidó decirles un par de cosillas que quería comentarles).

Bueno, el caso, que la deformación ha sido más o menos eso (más más que menos, pero estoy agotado para transmitir de verdad lo que ha sido). Y que mañana empiezan las vacaciones, y este viernes ¡¡¡CONOZCO A PABLO!!!
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... y luego me voy a la playa hasta el domingo.

7 comentarios:

José Alberto dijo...

Te tendré que recordar pa lo que da un colchón de 90 tirao en el suelo...

Por cierto, una pena no poder recibirte como mereces, pero el domingo volvemos a Córdoba de nuestro viajecito cacereño, y a partir de ahí, lo que gustes :-)

Antonio dijo...

Sí, pero éramos cinco personas, y yo abulto un poquitín más que Mari, jejeje.

Tranqui, que me recibiréis como merezco, el viernes llego a Córdoba de madrugada, estoy unas horas, conozco a Pablito, como con mi familia y me voy tres días a la playa. Vuelvo a Córdoba el domingo y nos vamos de cañas y tapas. Vosotros pasáis la resaca el lunes en el curro y yo duermo la mona en mi casa ¿hace?

Chente dijo...

Me parece muy fuerte que no comentes nada de cierto Palinka. Jum!

Antonio dijo...

Vale, lo comento aquí.

Como a la hora en que todos los gatos son pardos, la mayoría se retiraron, dejamos el fabuloso Palinka de tierras húngaras para la próxima deformación, así que nos tomaremos esa deliciosa agüita del Carmen que te quita todos los males (y los bienes) de un solo sorbo en la deformación de verano.

José Alberto dijo...

Hace muchísimo, corasón.

mortiziia dijo...

HORA Y CUARENTA MINUTOS hablando con tus padres... esto me deja más muerta que un chute de palinka en un agosto astigitano a las tres de la tarde. Yo creo que no he hablado tanto tiempo con mis padres ni sumando nuestras conversaciones en persona a las virtuales en los últimos cinco años. No sé si me sorprende más que la gente se lleve bien con sus padres o que alguien considere que dormir seis horas es poco xD

Antonio dijo...

Y eso que sólo hablé con mi madre, si mi padre hubiera estado en casa, habría sido todavía más, jeje. Pero es verdad que cuando estoy en Córdoba, hablamos menos (pero no mucho menos), se ve que es cosa de la webcam.

Y sí, seis horas es MUY poco XD