domingo, 12 de agosto de 2012

Alicia

Por alguna extraña razón sigo vivo. Escribo esta entrada con media botella de Bombay Sapphire en el cuerpo, la mitad de mis amigos salmantinos han ido a una boda que desconozco, la mitad de mis amigos cordobeses no sé donde están y yo estoy en Córdoba asándome (casi literalmente) de calor y oyendo ronquidos y quepo en un traje en el que llevaba cinco años sin caber, pero lo importante viene ahora.

Alicia B. R., la tercera sobrina de afra, ya está dando guerra.

Todo lo demás da igual.

Llevo cinco entradas atrasadas de Morti (en serio, cinco es todo un récord, incluyendo a Marylin [que no me gusta, pero Morti hace que por unos minutos sí], y dos de la Mamá alemana, que es más de lo que un expat en su sano juicio puede permitirse), pero hoy no puedo leer y comprender, hoy no leo, no lo comprendo, e incluso la Nena (LA HIJA DE LA DRAMAMÁ) no puede abstraerme.

No sé lo que me deparará el futuro (ojalá sea el último verano así) pero por ahora no hay ni 2. Staatexam ni "Beamte auf Lebenzeit" Prüfung ni nada por el estilo. Por ahora sólo hay una visita al hospital y unas lágrimas que esperan oír "tito" para salir a borbotones. Unas manos diminutas que me hacen saber que TODO lo que merece la pena me está esperando mañana en la Cruz Roja.

Y de repente todo da igual. Todo de lo que llevo queriendo escribir desde hace un mes no importa porque hay esperanza. Porque nosotros damos igual, porque dentro de un tiempo no sé si mucho o poco nosotros daremos igual. Ellos serán el futuro.

La gente a la que yo le doy clase, la gente a la que nunca le daré, son el futuro y nosotros sólo seremos un punto en la historia sin importancia, sólo auparemos a lo que Ortega llamó la Intrahistoria. Y ¿sabéis qué? Que por primera vez en mi vida soy consciente de que me olvidarán y por primera en mi vida soy consciente de que me da igual. La Intrahistora me la pela, la Historia (así en mayúsculas) me la pela aún más.

Hay tres personajillos (eran dos hasta hoy, no sé al final cuántos serán) que quiero que me recuerden y cuando ellos se vayan ya nada importará. Así que si dentro de unos de unos años, cuando yo no sea más polvo que Juan Preciado (hijo de Pedro Páramo) y nadie me recuerde, y no sea más que unas letras en un blog que borrarán, no me importará. Ángela, Pablo, Alicia (y los que vengan) tendrán mi huella, aunque ellos no lo sepan (igual que yo no sé de quién tengo la huella). Y entonces nadie sabrá quien soy pero ¿sabéis qué? Que no me importa. Que las lágrimas que derramo mientras escribo esto dan igual. Porque de alguna manera sin que alguien lo note (o notándolo alguien) yo estaré ahí.

Así que, sin que nadie se emocione más de la cuenta, amigos míos, hasta la próxima, que, os aseguro, será pronto.