lunes, 14 de febrero de 2011

Heidelberg

Aún a riesgo de parecer monotemático (algo que ya le ha ocurrido a este blog en otras ocasiones) hoy vengo a hablaros de la excursión de este fin de semana a Heidelberg... pero como todavía estoy muy reventado seré breve.

Después de tres horas en tren desde Crailsheim llegamos a Heidelberg a eso de las ocho de la tarde, nos juntamos con algunos amigos de Aitor y nos pusimos a cenar. Una de las cosas más improtantes de Heidelberg es que es uan ciudad universitaria, algo así como la versión alemana de Granada Salamanca. Y eso ¿qué implica? Pues para que os hagáis una idea, sólo os diré ue después de cienar, nos fuimos a un sitio que se llama "Bier -Brezel" os podéis imaginar qué se sirve en ese lugar... y qué fue lo que tomamos nosotros, hasta que a nuestro cuerpo dijo "Basta" y nos fuimos a dormir (os recuerdo que los viernes me lavanto a las seis para trabajar).

Aunque trabajar, lo que se dice trabajar, fue lo que hicimos el sábado por la mañana. Resulta que un amigo de Aitor se mudaba, así que allí que nos plantamos, a ayudarle a mover muebles. Una cosa que a los españoles nos resulta muy curiosa de Alemania, es que ha pesar de esa tecnología y ese adelanto de producción que tienen, a nadie se le ha encendido la bombilla y ha dicho "oye, si ponemos ascensores en los edificios, la vida es más cómoda y mejor". Así que allí nos tenías el sábado a cuatro españoles y un argentino mueble p'arriba, mueble p'abajo por todo Heidelberg, y eso por no hablar de los viajes a lo clandestino en la furgoneta (bastante intresantes, todo sea dicho).

En fín, por la tarde, Aitor y yo nos fuímos por ahí de turisteo, que no sólo de trabajo vive el hombre y no me iba a ir de Heidelberg sin visitar la ciudad. La verdad es que me gustó un montón, pero el castillo lo podían haber puesto un poquito más abajo, y lo mejor del castillo... bueno, cuando vengáis a verme, ya os lo enseñaré. Después de ver el castillo y rendirle honores a Goethe, como se puso a llover, decidimos ponernos a buen recauso, y ¿dónde mejor que en in irlandés alrededor de una Kilkenny's? (Inciso: menos mal que vivo en Alemania y no en Irlanda, porque si no ya se me habría reventado el hígado). Así que allí estuvimos viendo el Escocia-Gales del Seis Naciones. Ya sé que todavía queda un mes para San Patricio, pero como no sé donde estaré el 17 de marzo este año, yo por si acaso ya lo celebré dando buena pinta de las Kilkennys.

Con la alegría del partido (y lo que no es el partido) en el cuerpo nos fuimos a recoger a los amigos de Aitor y a cenar por ahí. Y con la cena ya no bebimos más Kilkennys... porque nos pasamos a las Heffeweizen (si es que la cabra siempre tira al monte). Y por supuesto, como no puede ser de otra manera, ya que estábamos en Heidelberg, pues nos fuimos por ahí de parranda (porque ¿para qué son si no las ciudades universitarias?). La noche la acabamos en un kebab y de ahí a un autobús nocturno (un bus-cama) que no dió más vueltas porque no hay más sitio en todo Baden Württemberg, nos dió tiempo de echarnos una siesta y todo antes de llegar a la casa.

Ya al día siguiente y después de dormir toda la mañana, hicimos lo que hay que hacer para despdirse de una ciudad en condiciones: nos fuimos a comer y al cafelito de después y, por supuesto, una visita, no es una visita conmigo, si no incluye al menos una carrera al tren.

Y ya luego, cuando llegué a mi casa que sólo quería acostarme y morirme de lo cansado que estaba, me puse a leer el email, a hablar con la gente por skype y a las once de la noche a preparme las clases de hoy.

En resumen, que me lo he pasado muy bien, y que (por ahora) no tengo planes para el fin de semana que viene. ¿Se apunta alguien a cualquier cosa?

1 comentario:

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

Autobuses nocturnos heidelbergensis que tardan la de Dios en llegar a su destino?

Me suena, me suena :P

Si no tienes planes para el próximo finde, vente a Montreal (Pepe) que ya verás cómo te lo pasas :P