miércoles, 6 de julio de 2011

Pollo en salsa

Estaba hablando por Skype con Thabo (un profesor de la Universidad de Botswana que conocí en EEUU y que viene a Alemania la semana que viene), pero de repente Skype decidió que ya no hablamos más. Así que mientras espero a ver si se reconecta o se acaban los problemas de conexión en Botswana pues actualizo un poquito con una entrada que llevo pensando desde que me hice la cena.

Pues eso, aprovechando que estoy esperando a Thabo actualizo el blog; y aprovechando que mi amigo el que en septiembre me pedía recetas lo mismo vuelve otros tres mesecitos al extranjero (aunque no hay nada seguro todavía) y que Miguelito se me está viniendo abajo por diversas razones pues os dejo una receta de pollo en salsa. En realidad sé que tendría comer sano (tipo la receta de Pollo al sésamo que nos trajo Morti el otro día) pero es que a veces me gusta comer insano (bueno, no tanto como a ciertas personas... que también nos trae Morti), y claro luego pasa lo que pasa y ¿qué es lo que pasa? Pues es que el que te da los cursillos de profesores te dice cosas del tipo:
Hijo, a ver si te cuidas un poco más, que no veas cómo te estás poniendo.
La confianza da asco. Y es que cuando eso te lo dice tu abuela, pues ya empiezas a pensar que es verdad, pero cuando te lo dice el que da los cursillos (que sí, que nos llevamos de puta madre, todo hay que decirlo) ya empiezas a pensar que no sólo es verdad, si no que además tienes que ponerle remedio.

Pero bueno, el caso es que compré muslos de pollo para el finde (aunque al final acabamos comiendo pizza casera... ¡¡¡comida sana a tope!!!) y como no los hice, pues los congelé, y he acabado haciendo uno hoy.

Se puede hacer en sartén o en cazuelilla. Yo personalmente lo he hecho en una cazuelilla ¿por qué? Porque cuando se fríe algo, el aceite salpica, pero si lo hacemos en una cazualilla con algo de profundidad no salpica tanto fuera y luego es más fácil limpiar la hornilla (que la cocina no es sólo el arte de cocinar, sino también el de fregar... y evitar el fregoteo).

Se salpimenta el muslo de pollo (es decir, se le echa sal y pimeinta, y yo también le he hechado un poco de pimentón), si lo teníais congelado (como yo) pues hay que descongelarlo antes.

Se echa un dedo de aceite en la sartén/cazuela/cazo/recipiente y se calienta. Cuando está caliente se echa el pollo, y de vez en cuando se le van dando vueltas para que se haga por los dos lados.

Cuando vemos que el pollo ya ha empezado a freirse (es decir, que ha cambiado un poco de color, ya no está rosita, sino más bien blanco) echamos vino blanco. No hace falta que sea vino bueno, yo le echo del cartón de Don Simón (sí, en Alemania también hay cartones de Don Simón). Y también le echamos azafrán, pero no azafrán del de verdad en hebras del que es más caro que la cocaína, sino del colorante en polvo que le echan muestras madres al arroz (ese no lo he encontrado en ningún sitio y me lo tuve que traer de España en Navidad, es lo único que no he comprado aquí). Si no tenemos colorante no pasa nada, como su propio nombre indica, sólo da color, el sabor lo dan el pollo, la sal, la pimienta, el pimentón y el aceite de oliva. Lo dejamos un rato largo, porque yo lo he dejado poco pensando que a estaba hecho (por fuera se veía ya tostadito), y al final la parte que pega al hueso estaba cruda.

Lo podemos acompañar con patatas fritas... o con ensalada. Pero por favor no lo acompañéis con la ensalada de pasta de Wanda... o si lo hacéis decídmelo y así ya sé que puedo dejar de hablaros.

Y de regalo, una foto del pollo que me he hecho... o bueno, mejor dos (en el fondo ya sabíais que no le acompañado con ensalda ¿verdad?).









PD: Para que dejéis de preocuparos, al final Tahbo me ha llamado al móvil. La conexión de internet en Botswana no es demasiado buena.

ACTUALIZACIÓN DEL 29/04/2013: En vez de vino blanco y azafrán, también se puede usar vino dulce y  también sale buenísimo. Pero en esta ocasíon sólo he usado muslitos, no muslo y sobremuslo. Pero vamos que está de chuparse los dedos. Y efectivamente, como comentaba Miguel, no hace falta echar un dedo de aceite, basta con cubrir la base de la cazuela, pero entonces hay que taparla para que el pollo se haga por dentro.

4 comentarios:

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

En dos palabras: mucho aceite.
Pero tomo nota... de la receta y de los consejos de los últimos días :)

mortiziia dijo...

¡Un dedo de aceite! Empacha nada más que de pensarlo. Menos mal que estoy yo aquí para ser cansina y empezar con la cantinela de que una cucharilla de aceite para el pollo y una media cucharada de aceite para las patatas. Le quitas tranquilamente mil calorías al plato, y eso sin contar las que le añadas de pan, que mucho me temo al ver ese salserío que encima se comerá con pan.

mortiziia dijo...

Poor cierto, colorante amarillo en Alemania, en todos los supermercados en los que yo haya puesto un pie. En botellita y en la sección de hornear (harinas, canutillos de azúcar y demás). Fuera de España siempre he visto el colorante en estas secciones y siempre en botellita.

afra dijo...

Sí, lo del dedo de aceite lo escribí hace dos años, cuando pesaba unos ocho kilos más que ahora. Creo que ya sé la razón. Hoy sólo he cubierto la superficie de la cazuela (y era tan pequeña que los dos muslos cabían a duras penas). Al final había menos salsa, pero como no tenía pan ha sido mejor.
Por cierto, lo del colorante no lo sabía, cuando vaya al supermercado me fijo.