domingo, 13 de marzo de 2011

Las tan ansiadas vacaciones

ya llegan a su fin. ¿Y cómo han ido? Pues muy bien, pero ahora necesito descansar, jejeje.

Pues eso, el martes vinieron Chente y Paloma directos desde tierras húngaras, y ese día no hicimos apenas nada, aparte de cenar (bueno, ellos sí, ellos se tragaron 14 horas de tren) y ya al día siguiente empezó el periplo por esta zona dejada de la mano de Dios.

El miércoles nos fuimos andandito hasta Schwäbisch Hall, pasando por Comburg, y el parque que los une. Después de estar toda la mañana en Schwäbisch Hall y comer y hacer allí la sobremesa (me encanta la palabra "sobremesa"), cogimos el tren hacia Öhringen, para que conocieran (y yo también un poco) la ciudad el pueblo donde trabajo, les hice una ruta turística por el centro (con concierto improvisado de órgano incluido) y tal y al final tenía intención de enseñarles la casa donde voy a vivir. Total que cuando estaba allí delante, veo que sale mi casera de la casa, me pongo a charlar con ella, y en resumidas cuentas, me dio la llave, me dijo que me puedo ir allí a vivir cuando quiera y que aunque me vaya antes, el contrato tendrá fecha del 1 de abril y será cuando empiece a pagar (claro que todavía estoy en Hessental porque no hay calefacción, pero ya puedo ir llevando cosas).

Al día siguiente fuimos con Markus (un amigo alemán de Chente y Paloma) al museo de Mercedes (Mercedes los de los coches, no Mercedes nuestra amiga Merche), que (a pesar de ser yo una de esas personas que echan gasolina en coches de gasoil y siguen felices como si nada) me gustó un montón; lo mejor, los coches antiguos (pero antiguos de verdad, de la época de la invención del automóvil) y los coches del futuro, los que todavía no son nada más que proyectos. Después de las tres horas en el museo (que se dicen pronto, pero tres horas son muchas horas) nos fuimos a comer y a visitar Stuttgart (que no llega a los niveles de horripilancia de Duisburg, pero tampoco es una ciudad que suba la media de Alemania), y después de eso, una visita rápida a la torre de la televisión de Stuttgart y camino a la Suabia profunda, a casa de los padres de Markus, donde cenamos y dormimos esa noche.

Al día siguiente nos tomamos un típico desayuno alemán en casa de Markus y seguimos turisteando, esta vez por Tübingen (donde anduvimos por el casco antiguo y subimos al castillo) y después de comer con Markus en Reutlingen, nos despedimos de él y pusimos rumbo de vuelta a mi humilde morada en tren (que otra vez, se dice pronto, pero son dos horas de tren desde Reutlingen a mi casa... y más que van a ser cuando me mude!!!!!).

El sábado hicimos la última etapa de nuestra ruta: Núremberg. La verdad es que es una ciudad bien diferente de cómo la recordaba del Mercado de Navidad. Como nos hizo un tiempo estupendo estuvimos caminando por la ciudad, viendo algunas de los millones de iglesias que tiene, subimos al castillo (pero no entramos porque 1 ya estábamos cansaditos y 2 había que pagar), y también visitamos el museo del juguete. Por supuesto no nos fuímos sin probar la famosas Nürnbergerwurst (creo que las únicas salchichas alemanas pequeñitas) y la cerveza tostada (bueno, eso sólo yo, que desde que han descubierto el Mezzo Mix Chente y Paloma son un poquito más felices que antes). Después de darnos una vuelta bajo el solecito de Baviera (que hace que los alemanes parezcan humanos y todo) y tomarnos un helado, nos pasamos por el ALDI a hacer algunas compras de última hora, y hora y media después estábamos en casita preparando la cena de ayer y la vuelta de hoy.

Y hoy, pues lo único que he hecho a sido aperrearme (que tiene bien poco que ver con perrear), cocinar, hablar con la familia y tontear en internet, y las clases de mañana ¿cuándo las preparo? Pues no sé, porque he comido tanto que ni siquiera puedo pensar con claridad.

PD: Hay fotos nuevas en el álbum de este año de Picassa.

3 comentarios:

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

Cuando vaya a verte quiero que me lleves a Tubingen, que mola.
He dicho.

Antonio dijo...

Eso dalo por hecho ;)
Y también a Núremberg, aunque entonces no escribiré tanto dimnutivos, jeje

Paloma dijo...

Sí que somos más felices que antes de porbar el Mezzo Mix si...jajajaja