martes, 23 de noviembre de 2010

Soy profesor

Tengo que empezar diciendo que tenía bastante miedito a la visita el señor Stiefel (mi jefe de estudios) a la clase de hoy (es lo que tiene ser un inseguro patológico); por eso, me la preparé, la repreparé, la pulí y la perfeccioné (sobre el papel) durante tres días antes de que tuviera lugar esta mañana. Hoy he llegado al instituo 45 minutos antes de lo normal para hacer fotocopias, ver que el proyector funcionara, colgar los mapas que he usado durante la clase y asegurarme de que los alumnos que no habían leído el texto, lo leyeran antes de que empezara la clase.

Durante el tiempo que el señor Stiefel ha estado en clase, he tenido la boca seca y por dentro era un flan... por dentro. Por fuera era el profesor más seguro del mundo. Cuando he preguntado qué idioma se habla en el País Vasco y una alumna ha buscado en el cuaderno, ha levantado la mano muy segura y ha dicho "riojanos" con una cara triunfalista pensando "acabo de ganarme un sobresaliente", ni se me ha descompuesto la cara, ni me he bloqueado (ése era mi mayor temor), simplemente la he sacado de su error. He hablado todo el rato en español (¡y no os hacéis una idea de lo que me ha costado!) y los he llevado a donde yo quería, marcando los tiempos (bueno, más o menos; al final me han sobrado cinco minutos, pero los he sabido aprovechar).

Resultado final: notable (provisionalmente, a la espera de la visita a una clase de inglés).

Y esto ¿a qué viene?

Cuando se les pregunta a los niños chicos: ¿tú qué quieres ser de mayor?, hay respuestas muy variadas: bombero, policía, astronauta, ingeniero de caminos (en serio, mi prima decía eso con siete años), técnico de seguridad de la central nuclear de Springfield (¿quién no querría ser Homer Simpson durante un día?), científico loco, bombero, millonario, Hartz IV (ah, no, espera, que eso es sólo en Alemania)... incluso algunos en un momento de enajenación mental transitoria dicen "profesor". En mi caso la enajenación mental no era transitoria. Hasta los 21 años tuve bastante claro que quería enseñar (es lo que tiene pertencer a una saga de docentes que ríete tú de la familia Flores y el flamenco); cuando me fuí a vivir a Berlín dejé de tenerlo claro; pero luego me fuí a Estados Unidos a enseñar y a Alemania, a enseñar también, y ví que, por vocación o por cansianismo, la enseñanza era lo mío. Luego me puse a opositar y decidí que quería hacer otra cosa con mi vida... pero de algo hay que vivir, así que seguí con las oposiciones hasta el final.

Y ahora estoy aquí, enseñando. Con mis dudas y mis inseguridades. Si soy buen profesor no lo sé (supongo que sí, pues mis alumnos aprenden). Y mientras, veo que se han convocado oposiciones para la Unión Europea y veo la posibilidad de vivir en Bruselas y me planteo echar la solicitud.

Entonces me detengo un momento y pienso: llevo cinco años huyendo hacia adelante, ansiando una vida que ya no existe, porque una persona sólo puede ser Erasmus una vez en la vida. ¿Realmente quiero vivir en Bruselas? ¿Quiero llevar traje y corbata cada día y trabajar con números y leyes? ¿Es de verdad eso lo que quiero o simplemente es huir más hacia adelante? La respuesta a todas esas preguntas es: NO. Ni quiero llevar traje y corbata cada día, ni quiero vivir en la gris (aunque enorme y cosmopolita) Bruselas, ni quiero trabajar en una oficina rodeado de números y papeles.

Soy profesor. No puedo engañar a nadie (y aún menos a mí mismo), me encanta enseñar. Adoro ver cómo gente que hace algo más de un año ni siquiera podían decir "Me llamo Jürgen" hoy pueden entender un texto sobre los orígenes y la importancia del español y recrearlo en forma de entrevista; alucino al ver cómo gente que hace algo más de ocho semanas no sabían decir "Buenos días" hoy pueden hablar de su familia y de las fiestas de su pueblo, decir lo que les gusta y lo que no, e incluso mantener una conversación (muy básica y casi irreal, pero conversación al fin y al cabo); y todo ello se debe sólo a dos personas: a ellos mismos y a mí.

Todos los trabajos tienen su cruz, la mía es que por las tardes tengo que prepararme las clases del día siguiente... pero eso siempre es mejor que tener que llevar chaqueta y corbata y estar encerrado en un cubículo con un montón de leyes y números que se me antojan arcanos. Eso sí, soy profesor, no domador de leones (y quienes seáis profesores de Secundaria sabéis qué quiero decir con esta última frase).

6 comentarios:

amra dijo...

ese profe, ese profe, eh, eh.

Muchos ánimos, de ahí a ser padre es na y(mas conocida como ye) menos, por ahora ve preparandote como padrino.

amra dijo...

por cierto te has aprendido ya los nuevos cambios de la ortografía y gramatica española, vas a fliparrrrrr

Orologiaio dijo...

Vocación, le llaman ;)

Si ya lo sabía yo... que lo ibas a bordar!
Y no, no te veo de corbata en la gélida Bruselas ;)

José Alberto dijo...

Me ha encantado, lechon.

Antonio dijo...

Y a mí me encanta que te encante... y los días con dos puestas de sol me encantan más todavía.

Turzi dijo...

¡Felicidades, Antonio!
No esperaba menos de ti.
Me ha encantado este post.
Me lo guardo para esos días en los que no me sale nada, cuando me faltan ganas de seguir trabajando y pienso si me gusta ser profesor...
GRACIAS por darnos más motivos.
Nos vemos el pasado mañana.
Un abrazo,
A.