sábado, 30 de octubre de 2010

Que no se te olvide aprender a esquiar

Todos los que vivís (o habéis vivido) en el extranjero (en un país de habla no hispana me refiero) vais a comprender esta entrada perfectamente.

No me digáis que nunca os ha pasado que no habéis entendido algo y aún así habéis sonreído y habéis asentido con la cabeza esperando que no os estuvieran proponiendo vender vuestros órganos al mejor postor. Pues bien, las posibilidades de que eso ocurra en un país en el que no se habla tu lengua materna se multiplican por cien millones... y más aún cuando trabajas, sales y convives con nativos de esa lengua que no es la tuya (el alemán en mi caso, como ya sabéis).

Pero mejor empiezo por el principio. Hoy han empezado las vacaciones de otoño (ver entrada anterior) y qué mejor forma de celebrarlo que con una degustación de vino en casa de uno de los profes de la escuela. La degustación fue algo así: nos daba a probar cinco vinos y teníamos que adivinar de qué país (entre España, Italia y Francia) y de qué tipo de uva (de entre cinco posibilidades) era cada uno. Diré que de diez puntos posibles (5 vinos y dos cosas a averiguar de cada uno) sólo he sacado uno... se ve que me falta práctica. Pero lo interesante ha venido después.

Para aprender alemán lo mejor no es un curso de alemán para extranjeros, sino (como diría Mar) aprender alemán a tortazos. Y eso ¿cómo se hace? mezclándose con alemanes (no extranjeros, sólo nativos), tomándose algunas copas de vino (o de lo que sea... o de nada) y hablando con los nativos. Cuando estáis tú solo y un nativo no te queda más remedio que ser una parte activa en la conversación, escuchar y decir cosas coherentes... pero cuando llevas cinco (o seis, o siete, o...) copas de vino (o sin llevarlas) y de repente en la conversación hay dos alemanes y tú, por más que quieras evitarlo, tú cerebro dice "no sé tú, pero yo me voy" y desconecta... dejándo el piloto automático puesto (eso sí) para que los alemanes no se den cuenta de que no les escuchas.

Y entonces te pasa como a mí hoy, que por lo visto me han invitado a un concierto y he aceptado la invitación; he quedado para ir a otra Weinprobe, porque no conozco vinos tintos alemanes (¿quién me manda meterme en estos fregados?); he hablado de la situación educativa de Alemania y de las consecuencias del federalismo político para la misma (oye, que incluso piripi, puedo ir de cultureta); y no sé que más. Lo de "no sé que más" es más importante de lo que creéis, porque cuando me estaba despidiendo, uno de los dos alemanes de la pseudoconversación (y digo "pseudo" porque aunque yo estuviera, estaba pero sin estar) me ha dicho "... y que no se te olvide aprender a esquiar" y mi cara en ese momento ha tenido que ser un poema porque he pensado "¿¡¿¡¿¡¿¡¿qué coño le habré dicho a este tío (o se piensa él que le he dicho) que me dice que tengo que aprender a esquiar?!?!?!?!?".

Y es que lo que tienen los alemanes (antes pensaba que era algo bueno, pero cada vez estoy menos convencido) es que, al contrario que los españoles, no sólo te escuchan cuando hablas, sino que además te toman en serio. Por ejemplo, el otro día no sé que le diría a una profe del instituto que nos ha invitado a comer, que piensa que me pirra la nieve (y es verdad, me pirra JUGAR CON la nieve); y está preparando alguna actividad para cuando vayámos a comer a su casa por si para entonces ha nevado... (y Mar se está ciscando en mi habilidad para quedar bien sin darme cuenta de lo que digo).

Sed felices que yo ahora estoy muy contentillo.

3 comentarios:

José Alberto dijo...

Madre mía, si yo te contara las veces que llevo hecho eso aquí... con la rusa, sobre todo. Sólo me han pillado un par de veces, porque se esperaba algo más de mí que un simple 'yes, ok', y se me ha visto el plumero.

Antonio dijo...

Yo el otro día tomé el camino de la honestidad. Un tutor me estaba hablando de su clase (a la que yo le doy español) y llegó el siguiente momento de la conversación:
Tutor :¿comprendes lo que quiero decir?
Yo: Sí, claro
Pausa... pausa... pausa... pausa...
Yo: Bueno, en realidad no lo he entendido.

Orologiaio dijo...

Jajajajaja
Totalmente identificado con este post!
Sólo diré que una vez, por el bochorno de tenr que admitir que no me había enterado de lo que me habían preguntado, acabé comiendo un filete con cuchara... ante la curiosa mirada de unos cuantos foráneos, sorprendidos por la exótica cultura gastronómica española ;)